Puerto libre

Pena con pena y pena

A manera de prefacio y advertencia: El blog de hoy es un lamento. Yo les recomiendo que huyan a tiempo.  Punto y seguido (para quien quiera seguir) Horroriza el modo en que hemos aprendido a oír el espanto sin estremecernos hasta los huesos. ¿Cómo podemos irnos a dormir sin enloquecer, sabiendo lo que se sabe al […]

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Contra el espanto

La autora de este blog está tan consternada y triste como tantos. Porque tantos somos quienes llevamos años de ver la guerra en Medio Oriente como algo doloroso e incomprensible que, a pesar de preocuparnos, ocurre en otra parte. Suena egoísta, pero tiene lógica, aun cuando queda cerca de nuestro ánimo queda lejos de lo inmediato, de nuestro país, nuestra ciudad, nuestro pequeño barrio y nuestra casa. La vemos pasar por nuestros diarios, pero nos resistimos a las imágenes de la gente que muere al ir por comida. Y, peor aún, nos hacemos indiferentes, porque es nada lo que podemos ayudar.

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Repentina como la lluvia

Angeles Mastretta Vienen y van los días con su lluvia y su agua brotando de las coladeras como si todas las calles fueron una calzada de fuentes a las seis de la tarde. Y todo lo trastoca. Sin embargo, su irrupción se agradece. Da de qué hablar. Acerca. Lo digo y recuerdo a mi madre […]

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Una oración para la providencia

La lluvia llega siempre como un alivio, pero una vez que entra en confianza recuerda que aquí hubo lagos y ríos, que aquí solía asentar sus reales con sus gotas, que embellecía el paisaje y que la aridez de la primavera no era posible en este valle. Así que ahora toma posesión de su antigua pertenencia y ahoga la ciudad y sus alrededores, las calles, las colonias que duermen al bajar por cerros que no tienen árboles, ni vegetación que contenga la tierra corriendo en cascadas llenas de lodo.

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Congoja de mi casa y engaño electoral

La casa en que vivo tiene sus cimientos en 1912. A la construcción de entonces, que compramos hecha añicos y de la que rescaté las paredes, la fachada y los herrajes, la fuimos reconstruyendo poco a poco. Hemos vivido en ella treinta y siete años. Casi todos ellos regidos por la esperanza. En algún momento incluso creímos posible alcanzar un país con diversidad política, encaminado a valorar la democracia, con un horizonte que nos incluyera a todos. Sin duda al futuro de nuestros hijos y nuestros nietos.

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El «Caballo Loco»

Vuelvo al cuento que empecé aquí hace dos días. Nos quedamos en que dejé a una muchacha bailando a cambio de cinco corcholatas y salí a seguir caminando por la calle de Niño Perdido. Los lugares se parecían. No recuerdo que me diera tristeza verlos. Ahora mismo no podría con el enojo, tendría todo tipo […]

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Una noche cualquiera

Parece magia el modo en que recordamos al azar. Ahora que se me olvida lo que hice ayer, de pronto, como si viniera al caso, durante una larga travesía en coche, les conté a unos amigos que no me vieron vivir a los veinte años algo que en algún momento me pasó como al vuelo […]

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Soñar con los pies

Digo siempre: para mí, bailar es una fiesta a cualquier hora. Me duelen los talones y un dedo, a veces las rodillas. En las mañanas mi cadera inventa que se quiere ir a otro sitio. Y por un segundo me parte en dos. A pesar de todo, seguiré bailando como quien acepta un mandato irracional contra el que no ha de rebelarse. Bailar en medio del caos, sobre el miedo, a pesar de vivir en un país que en un descuido se quiebra por mitad sin que nadie lo diga.