Puerto libre

Ámbar para Hugo Hiriart

Querer a Hugo Hiriart es tan fácil como perderse en sus libros. Tengo por su literatura y su persona, reverencia y fervor. Él no lo sabe, porque cuando se lo digo ando oyendo otras cosas, quizás la voz de un fantasma o la de un animal fantástico. Tal vez esté pensando en el nombre secreto de las cosas o en los íntimos espíritus del olfato. No le importa escuchar que él es importante. De ahí, entre otras maravillas, su importancia. Va por el mundo con la paz de quien nombra lo inesperado, de quien muchas veces, al tiempo en que lo nombra, lo inventa. Hugo es un hombre sabio, de los que, además, son eruditos. Semejante mezcla lo vuelve un escritor extraordinario. Eso tampoco le gusta oírlo, ni lo cree, ni le preocupa.

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Querida Jane

Hay escritores que nos gustan, escritores a los que admiramos y escritores que son de nuestra familia. Eso me pasa con Jane Austen. A veces soy parte de una fiesta o de una conversación y siento que podría estar en cualquier otro tiempo, suspendida en mitad del siglo antepasado, igual en mi jardín que en el campo inglés: la patria y el destino de Jane Austen. Me fascina el irónico deseo de lo ideal que hay en sus historias. Quizás yo crecí dentro de una.

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Tributos a la vida

Quizás una de las más extrañas bendiciones que se digna concedernos la fortuna esté en la tenue luz con que de pronto nos alumbra una ventura esencial. A mí esa luz me mostró en toda su armonía el valor y los talentos de una mujer al mismo tiempo tímida y drástica que yo no sabía ver tan excepcional como era.

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Una voz para el río Atoyac

Atoyac quiere decir: agua que corre. Agua que baja de los montes, fue clara tantos años que era impensable imaginar el infortunio. Nos acercábamos los niños a hundir los pies desnudos para caminar sobre las piedras. Y todo era posible en ese juego de pies y piedras enlazados, confiados a su estirpe de cristal, al ruido de su agua humedeciendo los oídos del mundo.

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Alma mater, sí

No se nombra a la UNAM sino para agradecer. Para mí, como para tantos, la UNAM no sólo fue mi casa de estudios, fue un regalo que aún atesoro. No tengo cómo pagarle a la vida el lujo de haber pasado un tiempo esencial en ese espacio de luz que son sus edificios, sus jardines y, sin duda, los amigos y maestros con los que ahí se vive.

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Día de la Madre

Yo, ¿qué quieren que les diga? Será que ya crecí, pero me gusta el Día de la Madre y el del Niño, el del Compadre, el de la Amistad y ni se diga el del Padre. Me gustan los cumpleaños y la celebración de los vínculos inevitables, pero también de los deseados, de los que nos remiten a la infancia y nos alegran.

Un cuento de «Maridos»

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Un cuento de «Maridos»

Cuando llegó a México, Antonio Ibarra tenía los ojos oscuros y el pelo en desorden, tenía el deseo de hacerse al bálsamo y los hábitos de la tierra que lo recibió. No pensaba olvidar los cedros de su patria, tampoco quería quitar de su memoria el aroma a hierbabuena que toma el aire al atardecer, […]

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Sus dos últimos perros

He tenido muchos perros a lo largo de mi vida. Unos han sido mi responsabilidad directa y otros han sido de mis hijos o de personas cercanas a mí. Tener cerca a un perro es una buena manera de mantener nuestra atención puesta en el presente, como lo hacen ellos. Los dos últimos perros que llegaron a mi casa se volvieron también una cercana y cálida compañía durante la pandemia.