Puerto libre

Congoja de mi casa y engaño electoral

La casa en que vivo tiene sus cimientos en 1912. A la construcción de entonces, que compramos hecha añicos y de la que rescaté las paredes, la fachada y los herrajes, la fuimos reconstruyendo poco a poco. Hemos vivido en ella treinta y siete años. Casi todos ellos regidos por la esperanza. En algún momento incluso creímos posible alcanzar un país con diversidad política, encaminado a valorar la democracia, con un horizonte que nos incluyera a todos. Sin duda al futuro de nuestros hijos y nuestros nietos.