La Cátedra Vargas Llosa me hizo el honor de invitarme a participar el pasado viernes veinticinco de octubre a un encuentro cuyo sólo nombre resultaba un desafío: Vida, muerte y literatura. Imposible no acudir a semejante reto.
Puerto libre
Doscientos años y Beethoven hasta siempre
No sé cuántas cosas sucederán hoy en el mundo, pero no creo que una tan crucial como la que sucedió hace doscientos años en Viena. El 7 de mayo de 1824 en Kärntnertortheater, se estrenó la majestuosa y siempre estremecedora Sinfonía n.º 9 en Re Menor, Op. 125 Coral de Ludwig Van Beethoven. Para entonces, se sabe, el genio había perdido el oído casi por completo. Sin embargo, ese día, estuvo en el podio, según algunos dirigiendo él, sin ayuda de nadie. Esa versión me gusta creer a mí.
¡Ganó Xóchitl!
¿Según quién? Ayer mismo: según yo. Luego escuché y leo que estoy bien acompañada en esta certeza. Estamos ante un predicamento muy serio. Tendremos que elegir entre un gobierno totalitario y dispuesto a cualquier arbitrariedad y uno dispuesto a propiciar la libertad y la certeza jurídica de quienes lo vivimos.
Al día siguiente
Xóchitl regresó íntegra y escarmentada. La próxima vez no le tendrá respeto ni al reloj, ni a las querellas. No ha de sorprenderla, como a mí sí, la impasibilidad de Claudia Sheinbaum.
¿Qué le pasó a Xóchitl?
¿Qué fue de su espontaneidad, de su discurso de conciliación, de su hablarle al país y no a su contrincante? ¿Qué de su elocuencia breve pero sin tropiezos? ¿Qué de su hablar del México que desea construir y enmendar? ¿Por qué no volvió una y otra vez, a propósito de la educación y la salud, a la pérdida, en México, de tres valores esenciales: el valor de la vida, el valor de la verdad y el valor de la libertad?
Preguntas para el insomnio
A menudo avergüenza hablar de la trivia diaria, de las nimiedades que turban lo cotidiano mientras nos avasalla la diaria pena de otros. Tiemblan los noticieros y nos enciende el desvelo. ¿Qué podemos hacer, cada uno y cada cual para aliviar al menos los detalles del mundo en que vivimos? El que tenemos cerca, el que nos cerca o nos cobija.
Yo ya no me pertenezco
Oigo en Milenio una estremecedora declaración de Claudia Sheinbaum. “Yo ya no me pertenezco”, “ahora represento una esperanza”, “no tengo derecho a equivocarme”, “no tengo derecho ni a enfermarme”, “las decisiones que tomo tienen consecuencias para el pueblo de México”.
Quitar la bandera: cobardía y codicia
“El Zócalo es nuestro” decían cuando lo usaban para protestar, pidiendo muchas veces, también democracia y respeto al voto. Eso que ahora mismo ya no quieren.
Caer de tantos
Yo sé que a todos nos caben varias personas dentro. Semejante desfalco lo tengo aceptado desde hace muchos años. Incluso antes de haber oído hablar del doctor Freud y su sabiduría.
Aquí les dejo
Vuelvo a este a blog, a esta conversación de apariencia entrecortada que tenemos ustedes, quienes vienen a nexos por internet, y yo, esta escribiente desordenada que tanto piensa en su deberes no cumplidos y se apena frente a la parte de sí que vive entre sus costillas. Vuelvo a este enero con firmes propósito de enmienda.
