«Vida y muerte bajo el sol de invierno»

Verónica Mastretta escribió hace un mes esta historia. No voy a decir más. Este blog tiene el privilegio de acogerla. Aquí se las dejo.

La ventana junto a la que desayuno da a campo abierto. Al fondo del
paisaje se ven los volcanes, y muy cerca, junto a un pequeño lago,hay unos viejos álamos a los que hoy en la mañana llegaron a posarse tres enormes halcones. Después de un rato de quietud, remontaron de nuevo el vuelo en busca de una presa, proyectando sus sombras aguerridas y rápidas sobre el pasto seco.
Bajo la ventana hay un estanque y muchos árboles poblados de
una gran variedad de aves, acogidas por el follaje y el manto protector
del agua cercana. Un barullo y revoloteo de alas se desató entre ellos
ante las amenazadoras siluetas de los halcones, que en cada vuelo circular se acercaban más al nutrido y agitado grupo. El espectáculo se fue volviendo cada vez más tenso; las aves, entre ellas las palomas, buscando refugio entre el follaje o huyendo del cerco cada vez más peligroso, ávido y feroz de los halcones. Los gorriones suelen defenderse en equipo, las palomas, en esta época, no andan en grupos ni en parejas; tienen que defenderse solas confiando en que su vuelo veloz
y zigzagueante las pueda librar de las garras de sus depredadores. Y ahí
entran los sentimientos encontrados. Los que estamos en la mesa miramos
nerviosos el drama proyectado contra el cielo pálido y frío: sabemos que
el halcón necesita comer, por otro lado, no quisiéramos que ninguna de
las aves que acompañan nuestro diario vivir con su ajetreo, sus trinos,
sus colores, resulte cazada. Uno de los halcones pasa tan cerca del
vidrio de la ventana que logramos verlo en todo su tamaño, fuerza y esplendor: las plumas rojas de la cola, la mirada aguda clavada sobre una paloma y las garras abiertas ya casi sobre ella. Presa y halcón desaparecen de nuestra vista, para reaparecer antes de estrellarse con un ruido seco contra el cristal lateral de la ventana, que en un juego de espejos parece no existir. Caen junto a la puerta. La paloma está muerta. Yo, como buena cobarde, me tapo la cara. No quiero ver la muerte, menos verla así, después de la lucha heroica desplegada ante nuestros ojos. El cuerpo del halcón da señales de vida, se mueve con la respiración. Una de mis hijas se acerca a verlo y me dice que está vivo. Yo me atrevo a asomarme y veo de cerca sus ojos cerrados, el pico curvo y afilado, su respiración jadeante y la paloma muerta a su lado. No hay sangre en su cabeza, ni tiene ninguna herida. Sigue respirando lentamente. Nos alejamos para evitar que se estrese al oírnos, olernos, sentirnos. Ellos vienen de otro mundo, en donde vivir o morir es cuestión de segundos, en donde la sobrevivencia depende totalmente de los instintos. No son animales estúpidos y domados como lo somos los humanos de las ciudades, que adquirimos la comida en los mercados, en los escaparates de un refrigerador, en donde la carne que se nos ofrece ha sido desangrada, para presentarla ante nuestros ojos desligada de la violencia de la muerte, sin cabeza, sin patas, sin ojos, sin el rastro de que ahí hubo una vida sacrificada para que nosotros podamos vivir. Admiro al halcón y a su presa, tirados a mis pies. Ellos están integrados a la naturaleza de manera total. Siento que valen más que yo. Un rato después el halcón recupera el aliento, y ante la percepción de la presencia humana, emprende el vuelo con las garras
vacías.
Más tarde salgo a buscar a la paloma para enterrarla debajo del rosal. Quizás sus huesos se conviertan en rosas. Ya no la encuentro.
El halcón regresó por ella. Su muerte ha valido la pena y la cadena de la supervivencia, sigue. En el piso, una gota de sangre escarlata es la única huella de su breve paso por la vida.

Música para hoy: Requiem de Mozart. Introitus


49 comentarios en “«Vida y muerte bajo el sol de invierno»

  1. Para Tatiparga, con un ruego; lea, por favor, de nuevo, lo que le escribí a usted. En ningún momento dije que usted lo hubiese tomado como exabrupto, sino que «se» había interpretado como tal, y yo soy muy cuidadoso en la formulación de mis frases. De haberme referido a usted hubiese escrito «lo que parece que usted ha interpretado como un exabrupto». El idioma es mi herramienta de trabajo y yo la cuido como a las niñas de mis ojos. Vale, y como usted piensa igual que yo acerca de las palomas, me alegro, pues, de haberla desengañado con Picasso.

  2. Daniel querido: Yo creo que es su manera de conversar. Así es Bada. Nosotros somos más amables. Él es tajante. Pero creo que sus intervenciones le dan juego a nuestra conversación. Besos a todos.

    1. Ya le he presentado mis disculpas a tatiparga, en ningún momento traté de ofenderla, Y sí es verdad que soy tajante, pero nunca ofendo a sabiendas ni argumento ad hominem. Y tú lo sabes muy bien.
      Vale.

      1. Por supuesto que no, y así lo entendí. Lastima que a veces la palabra escrita sea insuficiente. Seguro que la entonación nos resolveria las dudas en muchos casos.

  3. Verónica querida, después de tantos años de conocernos tu sabes muy bien que siempre me ha sorprendido tu estoicismo, tu sorprendente actitud hacia la vida aun en situaciones adversas; y hoy no ha sido la excepción. Me encantó tu relato. Gracias Ángeles por compartírnoslo. Eres una hermana ejemplar.

    1. Otra de tantas, querida Tati, donde una mala interpretación ante un comentario tan obvio genera una reacción parecida (¿o real?) a una ofensa gratuita… Con esto ya nada me sorprende. Lo mejor es darle el avión, o sea, ignorarlo para no propiciar protagonismos.

  4. No he visto de cerca ningun halcon ni cosa parecida, pobre de mi rodeada de cemento.
    Tengo si cuantiosas palomas visitando mis balcones, y me estremeci con el el relato tan tragico , pero tan bien narrado, de Veronica Mastretta.

    Las famosas hermanas desbordan sensibilidad y arte.

  5. Los halcones son aves hermosas,buenos cazadores.Pero no me gusta que se acerquen a llevarse las aves mas pequeñas .Esas no pueden defenderse en esa lucha desigual por sobrevivir . Yo siempre trato de asustarlos, para que se vayan a otro lugar y dejen las de mi patio ,que yo considero mías ,en paz.
    Pero Verónica, tu descriptivo relato ha estado magnífico,nos lleva en primera fila y con detalles a ese momento. Es curioso como el halcón regresa por su presa aún despues del sopetazo que se dió en el choque con el cristal.

    Abrazos

  6. A un lado del cristal el confort y la contemplación del paisaje que incluye enormes volcanes, al otro lado, la naturaleza y una escena de la vida y la muerte.

    Nunca he visto halcones en vuelo libre, siempre en exhibiciones de cetrería.

    Imagino el espectáculo extraordinario. La lucha desigual y la pérdida del ser más débil.

    Ahora mismo miro tras el cristal de mi ventana, y……….cuento hasta cinco tórtolas, posadas en las ramas de un enorme cedro. Están tranquilas, no hay halcón ni cazador que venga a perturbar su tranquilo invierno……………………..

    Precioso relato de Verónica que tiene el nombre de mi madre. Enhorabuena.

  7. De acuerdo con usted, Sr. Bada.
    Las palomas son las ratas del aire (libro con ellas cada día una lucha encarnizada) y por eso el texto de Verónica tiene doble valor para mí.
    Picasso era un genio de tal calibre que lleva engañando al mundo decenas de años (gracias por el desengaño. Yo era parte de ese mundo)
    Buen miércoles para todos.

        1. Eso lo entiendo, pero es que yo me sentiría feliz de saber que Picasso me desengañó confimándome lo que yo pensaba acerca de las palomas. No sé si así queda más claro lo que parece que se ha interpretado como un exabupto, y para nada lo es. Y si la molesté con mi respuesta, desde ya le pido disculpas, muy sinceramente. Vale.

  8. La escena tiene la fuerza de un grabado de Doré en La Comedia, de Dante. Me saco el sombrero ante la capacidad descriptiva de Verónica. Es una página de antología.
    Pero de todos modos no estaría de más pensar que la paloma se beneficia de una mitología cristiana que la asimila al Espíritu Santo y a la inocencia y a la paz y a no sé cuántas cosas más, todas positivas, siendo así que se trata de uno de los animales más sucios y dañinos de la creación. Quien lo vio muy bien fue Picasso, que dibujó su famosa «paloma de la paz» incluyendo en el dibujo una mina visible, tan visible que nunca se la ve: la fecha; un 28 de diciembre. Su paloma de la paz es una inocentada.

  9. Excelente Verónica pero una pregunta cuando te veremos otra vez como pintora. S e que tu hermana Ángeles tiene una obra tuya donde el Popocatépetl esta haciendo erupción. Se te quiere mucho Vero de Puebla.

  10. Qué sensibilidad, Verónica.
    Está muy claro que la contemplación de la escena te emocionó, hasta el punto de inspirarte este texto.
    Al leerlo lo he VISTO y lo he SENTIDO como si tus ojos fueran los míos.
    Qué milagro de hermanas sois.
    Un beso muy fuerte y… Gracias

  11. No sé a quién me recordó esta lectura tan apasionada, un aire a otro autor de muchos años, o tal vez porque así, exactamente, es la vida. Saludos

  12. Hablando de sentimientos, he de agradecer a Ricardo Bada, el acercarme al comonicimiento profundo de Miguel Hernández. Mira que lo he leído veces, pero hasta ahora no había calado en mí toda la profundidad y belleza de su poesía.

    Negros ojos negros.
    El mundo se abría
    sobre sus pestañas
    de negras distancias.
    Dorada mirada.
    El mundo se cierra
    sobre sus pestañas
    lluviosas y negras.

    -Miguel Hernández-

  13. Maravilloso espectáculo! La naturaleza tal cual es. Agua, volcanes, árboles, aves. La vida y la muerte. La fuerza del halcón. La fragilidad de la paloma.

    Precioso. He vivido el momento y lo encuentro muy hermoso.

    1. El relato es tan vívido y lírico, tanto como trágico, que también yo lo he vivido como hubiera sido en presencia. ¡Ay, esa gota de sangre…!

      Verónica: has sabido hacer un poéma de una tragedia que seguro te dejó conmovida. Con sentimientos tan encontrados seguimos viviendo.
      Gracias.

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