Ni se olvida, ni se deja, dice la canción. Y al cantarla, lo decimos todos. Eso lo sé, porque tengo experiencia en fiestas con guitarra o con piano, tardes ociosas y múltiples desveladas en las que se canta de todo con grandes énfasis, pero ninguno tan drástico como el fuego helado que abrasa cuando llegamos al verso “de nuestra alma sí se aleja, pero nunca dice adiós”.
Y qué tristeza, entonces, pero qué alivio. Todos andamos cargando un viejo amor, pero casi nadie querría volver a encontrarse con ese oscuro objeto del deseo que nos marcó la vida, pero luego hizo el bien de irse con su música a otra parte. No siempre los viejos amores fueron amores contrariados. Pero con frecuencia lo fueron.
«todos cargamos un viejo amor» a veces eso es una bendición, a veces desgraciadamente, un lastre que nos inmoviliza la razón y el corazón.
La verdad es que nunca se van del todo.