Cuando me fui a dormir el viernes en la noche, tras la lectura, la cena y los abrazos, el horizonte al que daba mi ventana me regaló una luna como sonrisa, abriendo un hoyo naranja en el cielo, sobre los montes azules de Chihuahua. Nunca había ido a la ciudad de Chihuahua más que con la imaginación y a ratos con el miedo. De allá es una amiga crucial, y de allá el aroma a tenacidad que lleva a todas partes. De allá hace tiempo que no llegan aquí más que noticias de horror. Sólo de narcos se habla cuando de allá se habla. Al menos sólo de eso había oído yo en muchos años. Justo por tanto oír lo mismo es que acepté ir a hablar, en la universidad, de algo distinto. La ficción, las palabras, el juego, la literatura. No pensé que hubiera más de cuatro interesados. Y todo lo contrario. Lo que no vi ni de lejos fue el espanto. Hablé largo con personas inteligentes, informadas, lectoras de poesía y expertas en la poesía del Siglo de Oro. Conocí maestros que tienen discípulos ávidos de un mundo en el que no haya tiros. Y jóvenes con preguntas de cristal. Gente que ha conseguido abrirle una luna al poco cielo que tenía hace muy poco. Vi una ciudad alegre. Seguirá habiendo de lo otro, no lo dudo, pero hay también la esperanza y una suerte de paz en la plaza con palomas y niños mojados en las fuentes.
Punto y seguido: Tan entusiasmada estuve con todo eso que no conforme con cuanto había hablado el viernes, continué la conversación el sábado en la mañana, con tal curiosidad y tan buen ánimo que se nos hizo tarde. Y tarde llegamos al aeropuerto.
Uno diría que es imposible que de allá salga un avión que esté lleno y con lista de espera más de una hora antes de la prevista en el boleto. Pero salen por lo menos cuatro vuelos diarios hacia el Distrito Federal. Todos sobrevendidos. Ni se diga los de Aeroméxico. Atrás de mí llegaron siete personas con pase de abordar que tampoco encontraron sitio en el avión estacionado en la pista, riéndose de nosotros.
Dos puntos: ¿Y un lugar en los siguientes vuelos? Eran las doce, sólo el vuelo de las cinco y para ése no quedaba más boleto que una ilusión. Me dieron un pase de abordar hacia la lista de espera. Gran error. La experiencia, esa supuesta virtud sagrada que no es sino la suma del tiempo en nuestra cabeza, debió asegurarme que las listas de espera son sólo para los desesperados. Que si uno pierde un avión debe asegurarse lugar en otro e ir a regalar el tiempo a un panorama menos arisco que el ofrecido por cualquier aeropuerto.
Punto y aparte: Como era de suponerse, dada la fila de ojos desamparados que quedamos en tierra, no hubo lugar en el de las cinco. Así que en balde volvimos a buscarlo tras comer una nieve de limón y bebernos las torres de la catedral. Tras caminar un rato bajo el sol del desierto y encontrarnos por ahí a mi reciente, pero no por eso menos feliz hallazgo: la filósofa feminista. Había ido a la lectura del día anterior y me felicitó por la buenísima puesta en escena de los bancos. Estaba segura de que había sido planeada. Y aún me pregunto si la convencí de lo contrario. La dejamos comiendo con otra mujer de cuya estampa y conocimientos hablaré otro día. Y nos fuimos en pos de la derrota que ya conté. Una ensalada de atún en la sala de espera y una inútil espera. No hubo lugar, pero hubo otro encuentro. En la fila de la revisión de equipajes estaba el Andrés Manuel López Obrador que conocí hace treinta y cinco años, en Tabasco. Nos dio nostalgia. Nada como el pasado con el que compartimos promesas.
Punto final: Volví a Chihuahua oyendo unas canciones viejas que me sé bien y canto regular. Mis compañeros de trifulca: César y Gerardo, me llevaron de regreso al hotel y su luna de noche. El señor de mi casa no podía creer que yo no hubiera roto en gritos más de una vez. Volví a explicarle lo que ya sabe, que yo hace mucho tiempo perdí la certidumbre de que el azar me pertenece. En casos como éste, sólo la risa depende de nuestra voluntad. Y nos habíamos reído mucho, toda la tarde.
Esas concepciones son las que muchas veces nos hacemos, la televisión, la prensa, exaltan el horror y dejan de lado lo bello. Acabo de ir a Culiacán, apenas el sábado pasado, con miedo, escepticismo, zozobra. Yo no llegué al aeropuerto, llegué a la flamante Central Internacional de Autobuses (en verdad así se llama), llena de gente amable, sonriente, platicadora, niños, niñas, mujeres, hombres de buena voluntad. Por las calles y los barrios (porque mi amigo me paseó por gran parte de la ciudad) fiestas y bandas por doquier -era sábado en la noche- gente en restaurantes, en la plaza, en el río. Venta nocturna en un mall abarrotado de niños, con sus papás, una locura. Ni un balazo, ni indicio de maldad. La hay, desde luego, pero también esta ese lado bueno, amable, de la ciudad y sus moradores. Gracias Ángeles por tus relatos, nos hacen más facil el día, nos substraen de las diarias obligaciones. Saludos!
Enterada…..
Felizmente enterada….
Gracias a JCalamos.
Los montes azules y la luna naranja. La ciudad no està dejada de la mano de dios.
«….Gente que ha conseguido abrirle una luna al poco cielo que tenía hace muy poco » Me la guardo.
¡Hola a todos !
Hace unos 10 años me desesperaba esperar , ya no . Me he vuelto bastante paciente , ni cuando manejo me estreso .
Besos, en especial a Manu. : )
Este trío no es triste.
http://www.youtube.com/watch?v=OY9lW1HHMrE
«…Perdí la certidumbre de que el azar me pertenece» Qué maravilla!
Si no llegas a perder el avión, no te encuentras con la filósofa feminista y su amiga, ni con Andrés Manuel López Obrador, ni con la nostalgia de las promesas (¿alguna cumplida?); y sobre todo y lo mejor, lo mucho que te reiste.
Bien está lo que bien acaba, como decía mi madre.
Besos,
La luna nos fascina.Le hemos dado infinidad de nombres.
Nunca había oído una definición tan original
«Una luna como sonrisa. Un agujero naranja, sobre los montes»
Ilargia ama andría ¿Ze berriak zeruan?
Zeruan berri onak orain eta beti.
(Luna madrina,¿ que nuevas hay en el cielo?
en el cielo buenas noticias ahora y siempre.
Viejo dicho en euskera.
Joxepa: nuestra amiga Ángeles es una poeta.
Un placer que viniera a chihuahua, realmente su conferencia fue muy interesante nos hizo tener siempre una emoción, de que iba a suceder. Ademas mostró gran amabilidad con sus acciones, como la firma de libros a pensar de ser una fila interminable, (Gracias a eso, tuve uno de los mejores regalos a mi padre, su libro firmado)
Hice la pregunta que si cuando entro a su carrera de periodismo soñaba con el éxito que tiene hoy en día, por que como usted lo fue un día, ahora yo soy esa niña comenzando la carrera en periodismo, creyendo que tiene vocación, pero es mas fantasiosa que realista, y mas mentirosa que verídica. Me agrada, por que veo algo de mi en usted, y algo suyo en mi, tal vez solo la esencia o el sueño.
PD: que agradable que escriba de esto y que haga a sus lectores perder un poquito del miedo del que le tienen al estado grande, en chihuahua no mordemos, ni matamos.
Gracias
A mal tiempo, buena cara….
Has leído la novela de su mujer?
Primoroso relato..
Sólo AMLOVE me agrió…… Lástima.
Buenas noches!