Silencio para un perro mudo

El día amaneció cálido y azul. Un contraste para las muchas mañana grises que han dado en asaltar el valle. Los más necios de Nexos se fueron desde temprano a recorrer la delegación Iztapalapa. Caminaron horas por todas las colonias y fueron de una zona que dicen cobija delincuentes de varios tipos, a un lugar en alto en el que se vive dejando de fuera las varillas de un piso, con la esperanza de construir el que sigue tan pronto se pueda. Héctor dice que en una generación todo Iztapala será como muchas otras zonas de clase media en la ciudad de México. Se lo creo, porque siempre adivina con razón. Pero de eso nos contarán los ojos de quienes anduvieron allá el día. No yo, que sólo estoy pasándoles a sus mercedes el rumor de lo que ha de pasar.
En la tarde, tras una tormenta de aire, llovió como si fuera a llegar el fin del mundo. Estaba yo sola en la casa, disfrutando del silencio y los árboles, altos, a los lejos. Al fin de mi horizonte ha empezado a crecer un edificio. Años pasé esperando que los árboles de la calle crecieran hasta cubrir los últimos pisos de uno, cuando atrás ha brotado uno más alto. Mi intento de cercar la ciudad, de impedirle el paso, siempre encuentra algo más arriba que mis ojos. Ni modo, digo. Por fortuna en la cocina sólo se ven las bugambilias del patio y ahí fui a cocinarme unos callos de hacha. Nunca había tratado con ellos, más que en los restoranes, pero ahora un alma espléndida mandó unos y decidí aprender. Le prometí a nuestro amigo Arturo Cervantes, el mejor anfitrión de la ciudad, que los compartiría con él si me daba una receta. Dijo que el chiste era no cocerlos. Sólo una pasada por el sartén. Yo los puse unos minutos a marinar con limón y sal. Luego les di la vuelta en aceite de oliva y me hice de unos pequeños manjares. ¿Por qué cuento esta trivialidad como si fuera una odisea? Porque hace mucho tiempo que no me daba el gusto. Siempre hay alguien más, o muchos más en la mesa de mi comedor y, casi siempre, alguien ayudándome al grado de mirar con espanto mi presencia en la cocina. Hoy se fueron todos y una suerte de rara libertad me tomó el ánimo. Se quedó conmigo el perro, con su nombre de compositor musical contradiciendo el silencio. No hay, estoy segura, sobre la faz de la tierra que me sé, un perro así de mudo. Mira, eso sí, como si tuviera secretos infalibles, misterios mucho más incomprensibles que el modo en que corre a esconder tras las matas un pedazo de hueso falso, de los que venden en bolsas de plástico para consolar a los domesticados de su especie, porque hace varias generaciones que ya no cazan para comer. Un silencio que canturrea, el mío, y uno que ruega, el suyo. Estuvimos contentos. Él se ha pasado el día comiendo lo que yo le fui dando. Hasta varios pedazos de un helado de mango que le he compartido poniéndolos en el pasto para que pudiera sorberlos. Luego del aire vino una tormenta de lluvia. Tras ella volvió Héctor con las historias de su mañana y yo le abrí la puerta urgiéndolo a ver un capítulo de la última serie policiaca que hemos descubierto gracias a Claudio Lomnitz, académico estudioso de cuanto se le cruza, recientemente convertido en historiador, con un libro sobre los hermanos Flores Magón. El inspector Morse trabaja en Oxford. Y es un encanto disfrazado de hostilidad curiosa. Dice Claudio que, como la ve, este hombre acabará con su carrera académica. Creo que hemos de acompañarlo en esa pérdida. A nosotros la noche, nos gusta cada vez más. Por eso la dejamos alargarse hasta que las horas se llaman madrugada.
En un rato de tregua he venido a verlos. Está lloviendo otra vez, como si el agua, estuviera empeñada en ahogarnos. Y hay truenos. Por eso el perro mudo ha venido a meterse entre mis piernas. Pide cobijo, y a mí me gusta dárselo porque protegerlo me hace sentir que está en mi mano ayudarlo. Se ha echado entre una bota y la otra. Y mientras escribo aquí arriba, desde los pies me llega un olor que convoca mi arrepentimiento. Nunca debí darle queso.


37 comentarios en “Silencio para un perro mudo

  1. Me parece bien lo de la cuarentena. Lástima que no inventen una vacuna que nos proteja de todas las abominaciones que uno tiene que ver al cabo del día.

  2. Querida Max,

    Ayer oía a Leo Zukerman contándonos lo que ganan los senadores gringos….!
    No tenemos remedio…. Para dónde voltees es el mismo disco rayado.

    Besos❤️

  3. «HITLER EN DIEZ FRASES»
    (Lo copié de Nexos)

    Adolfito Hitler…… Contemporáneo de Stalin, de Musolini, de Franco…. Etc.

    El sinsentido.

    Besos a todos❤️

    Tengo el don de reducir todos los problemas a sus fundamentos más simples.

    ¿Por qué chacharear sobre la brutalidad e indignarse ante las torturas? Las masas quieren eso. Necesitan algo que les dé una emoción de horror.

    El día de la felicidad individual ha pasado.

    No pierdan su tiempo respecto a encuentros y grupos “intelectuales” atraídos por intereses mutuos. Todo lo que puedan lograr con esos compañeros del momento en términos de explicación razonable puede cancelarse al día siguiente por una explicación contraria. Pero aquello que le digan al pueblo en masa, en un estado receptivo de fanática devoción, seguirán siendo palabras recibidas bajo una influencia hipnótica, inerradicable, e impermeable a todo lo que la razón explique.

    Llega una nueva era de interpretación mágica del mundo, de interpretación en términos de la voluntad y no de la inteligencia. No hay tal cosa como la verdad, ya sea en el sentido moral o en el científico.

    Le estoy devolviendo a la fuerza su dignidad original, aquella que es fuente de toda grandeza y el engendramiento del orden.

    [Hitler “poeta”] Hemos forjado con fuego una espada de acero sacada del hielo.

    Agosto 31, 1944. Creo que es muy obvio que esta guerra no ha sido un placer para mí. Durante cinco años he estado aparte del resto del mundo. No he ido al teatro, no he escuchado un concierto, y no he visto una sola película.

    Cuando llegue al poder, se los prometo, toda muchacha alemana tendrá un marido alemán.

    El sapo es una rana degenerada.

  4. Pues creo ver y escuchar que por ahí hay dos franciscanas y saludan, qué gusto ¡PAZ Y BIEN!
    y a todas y todos los del blog también….tengan una linda semana.
    A mi me gustan mucho los perros callados o escandalosos, Sherlock es teatrero y canta ópera.como contratenor ,Gigi contaalto, Piaf dice poco pero dice bien y muerde mejor si se le contraría, y Giogio sólo cuando está de guardia. Todos han sido recogidos de las carreteras o lugares no queridos, ahora todos son la familia de mi familia.

  5. Pues sí, es una auténtica gozada leerla, cuente lo que cuente. Es una de las cosas bonitas del día…eso y encontrar a la buena gente que por aquí transita.
    Cuando leí callos, me imaginé esos que por estas tierras se comen y que están tan buenos, cuando están buenos pero no, nada que ver y, una vez vistos, se aprecia que deben de estar ricos.

    1. A mi me ocurrió lo mismo, creía que eran callos de ganado vacuno, esos que comemos con un poco de tomate y cierto picantillo y que recuerdo que de pequeña me parecían de tela de toallas, por sus rizos……….

  6. !Como me gustan tus textos Angeles! !Que riqueza la de tu idioma!
    Hables de lo que hables, todo resulta especial y enriquecedor.
    Gracias, querida.

  7. Jeje, me has hecho reír. Qué buena tarde has pasado. Cómo me gustaría saber la versión de tu perro. Seguro que desde su silencio tendría mucho que contarnos…

  8. GRACIAS POR RECORDARME QUE LA TORMENTA NO ES SOLAMENTE DE LLUVIA, YO PENSE QUE SI..PERO ENTENDI AL LEER SU ARTICULO QUE EXISTEN OTRO TIPO DE TORMENTAS..DE ARENA, DE NIEVE, DE CELOS ETC..

  9. Buenos días Ángeles querida,

    No Es lo que dices sino cómo lo dices lo que fascina.
    Que gusto que entre los más necios de Nexos, los lengüetazos de helado de mango y la lluvia, hayas encontrado un espacio para platicarnoslo.

    Un beso ❤️

  10. Curiosa especie la canina, a medio camino entre el reino animal y el humano cediendo de su instinto para ganar palabras y caricias humanas se hacen de un nombre, una casa, un carácter, una Historia. Y son fieles al dios que los nombró, alimentó y cobijó capaces de atacar, matar y morir en su defensa.
    Curiosa especie la humana, a medio camino entre el reino humano y el divino…..

  11. (El silencio de oro, VI)

    Tarde última y serena,
    corta como una vida,
    fin de todo lo amado;
    ¡yo quiero ser eterno!

    -Atravesando hojas,
    el sol, ya cobre, viene
    a herirme el corazón.
    ¡Yo quiero ser eterno!-.

    Belleza que yo he visto,
    ¡no te borres ya nunca!
    Porque seas eterna,
    ¡yo quiero ser eterno!

    -JRJ-

  12. Creo que tiene suerte de que su perro sea mudo, la mía no para de gritar. Es una salchicha llamada Zucarita. Zucagrita le decimos, por aquello de que no para de gritar/ladrar.
    Ella no ha perdido su instinto de cazadora y se da vuelo en el jardín con la fauna de Cuernavaca. No para de traerme, muy oronda, sus «trofeos»; ardillas, ratas, algún tlacuache o un cuervo. No entiende que eso no se hace, aunque le lavemos el hociquito con jabón y la bañemos mil veces para quitarle el olor a muerto.
    Ahora no le parecerá tan mal que su perro mudo huela a queso.

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