San Miguel: entre pronombres y Alice Walker

“Voy a contarles un corrido muy mentado”, diría el principio una canción que me remite al hecho de que el Festival de Literatura de San Miguel Allende ya estuvo muy mentado en twitter por esta su servidora.
Desde la salida a la carretera y el viaje entre nopales, desierto y fondas, desde mi entusiasmo hasta mis temores, ya quedaron en varios ciento cuarenta caracteres, a lo largo de tres días, pero quiero contar más.
El Festival Literario lo organizan unas personas entusiastas y capaces de acarrear hasta el pueblo mejor conservado del país, a personajes que de otro modo no irían nunca.
Para muchos no digo ninguna novedad escribiendo que San Miguel es precioso. Y que una parte crucial de su actividades culturales, de sus casas, sus restoranes y sus tiendas, está tomada por jubilados de medio mundo. Sobre todo estadounidenses, algunos ricos o muy ricos; otros, muchos, gente que con su jubilación vive lejos de la nieves casi eternas de Canadá o el norte de los USA. Conclusión, unos de ellos llevan diez años organizando este Festival que, apenas el año pasado, invitó al idioma español a unirse al festejo. De todo esto que hablo, yo no tenía ninguna idea. Cuando me invitaron creí que quien lo hacía trabajaba en el encuentro de poetas que se celebra, también cada año, pero desde hace veinte, coordinado por la poeta Jennifer Clement. Debí pensar que tanto como poder colarme a un encuentro de poetas no era posible, pero no estaba en mi ánimo más que volver a San Miguel, con mi hermana, que se lo había perdido la vez anterior, y comprar unos espejos, que no compré, como tampoco vino mi hermana, cuando acepté ir a este evento que resultó de una elegancia mental como para enmudecer. Como vivo en la luna, cosa que ya sabemos todos los aquí presentes, no reparé sino en lo que me tocaría hacer. Sugerí que una lectura y así se aceptó. Luego, Carmen me dijo que habían vendido ya muchos boletos. Al rato, que todos los boletos. Me dio mucho gusto saberlo porque no hay nada más descorazonador que el silencio significando que nadie irá. Lo que sigue es la incertidumbre y en ésa, a pesar de los boletos vendidos, me mantuve hasta que entré al salón lleno. Había llovido, con frío, todo el santo día. Yo no hubiera ido a ver a nadie. Como diría Mateo el nieto del Gabo: “yo esto, ni por Leonardo”. Pero ellos fueron. Eran setecientas generosas almas. Ya me conozco: veo eso, tengo un negro momento de aflicción y luego brinco a leer y a decir cuanta cosa como si estuviera en el patio de mi casa, con unos amigos que no me pondrán entredicho. Al final, hasta me divertí. Hasta me di el lujo de leer unos párrafos en inglés, sacados del libro que me prestó un hombre encantador, guapo, con setenta y dos años y un novio de su edad al que encontró, para su dicha, en San Miguel y tras, como dice él, “came out of the closet”. En la cena del día anterior, me había contado que el libro “Mujeres de ojos grandes”, leído por él en inglés, (él no lo dijo, pero yo lo sé, como uno de los pocos lectores; más si se le compara con lo que vende la mujer que inventó a una señora que se deja torturar por un tal señor Grey que es tan guapo y tan rico como Gil Gamés), le enseñó cosas de sí mismo y un poco de español.
Volví a distraer la atención pero es que me asusta el éxito de una película, sacada de un libro, cuya puro resumen me da muchísima flojera. ¿Qué tipo de nostalgia por la opresión y el maltrato hay en quienes se apegan a la historia de un sádico? No sé, ni me voy a importunar. De lo que sí no voy a privarme es de presumirles. Cuando llegué a San Miguel, me entregaron un libro lleno de actividades, nombres y pronombres. No tuve que buscar el mío porque Araceli Ardón, escritora, amiga, abrió la página de “Keynote Speakers”. Ahí, junto con Scott Torow, Richard Blanco, Tracy Chevalier, Jane Urquqhart, Gloria Steinem y Alice Walker, estaba yo.
Con razón temblé todo el día anterior. De todos, la que más me gustó, por su sonrisa tibia, su tristeza como tatuada por un dolor lejano, fue esta última. Alice Walker ha escrito siete novelas, la más conocida y reconocida, The Color Purple, que le ganó el premio Pulitzer en 1983, para la primera autora africana americana en recibirlo, puesto en sus palabras: no la primera en merecerlo. También ganó el National Book Award, ese mismo año. Como todos quienes aquí son sabiondos, que lo son, lo saben, Steven Spielberg, en 1987, hizo una película con esta historia. Yo, todavía no me repongo de lo que me afligió. Así que cuando vi a Alice en ese coctel dentro de un patio helado, temblando, no se me ocurrió mejor cosa que darle mi abrigo. Llovía. La casa era un misterioso pasillo de flores y estaba llena de antigüedades, triques y fantasías. Pero era fría, pero eso extrañé mi abrigo. Pero Alice me lo pagó con creces sentada en la tercera fila, con sus audífonos, oyéndome contar penas triviales. Ella que sabe de eso, pero en serio.
Asunto de hoy: Quizás la mejor de todas las cosas que se digna concedernos el tiempo, sea la luz con que nos alumbra una ventura cuya fuerza habíamos sido incapaces de mirar. Porque si una dificultad presenta la fortuna es, muchas veces, la dificultad para mirarla como tal.


18 comentarios en “San Miguel: entre pronombres y Alice Walker

  1. ¡Manu! Muchas felicidades, sé que llevo muy poco tiempo conociéndote (que horror, no sabía la existencia de éste blog) pero puedo decir que eres una genial persona, disfruto mucho leyendo tus comentarios, que existe otra personita que comparte algunas de mis ideas. Un abrazo enorme desde donde te encuentres.

  2. ¡Manu! Muchas felicidades, sé que llevo muy poco tiempo conociéndote (que horror, no sabía la existencia de éste blog) pero puedo decir que eres una genial persona, disfruto mucho leyendo tus comentarios, que existe otra personita que comparte algunas de mis ideas. Un abrazo enorme desde donde te encuentres.

  3. ¡Manu!!! ¡Felicidades! Gracias por tu diaria presencia en este blog, gracias por tu inteligencia, tu cariño y tu sostén. Eres una lectora de ésas que la hacen a una pensar qué palabra va dónde. Estoy segura de que este año será bueno para tú, como eres buena tú con el mundo. Mil besos, Angeles

  4. ¡Cómo disfrute este relato. querida Angeles! me recuerda la única de tus charlas a la que pude asistir en Madrid: tan de todo un poco, de aquí para allá, tomando, alejando y retomando temas.
    Me imagino a San Miguel como a una Granada mejicana (cambiando british por gringous).
    Solo de pensar los personajes que has conocido, que esta profesión te da la posibilidad de conocer, me tiemblan a mí las piernas sin tener nada que decir en ningún lado
    Bravo por la gente emprendedora que organiza encuentros de cualquier tipo, en cualquier idioma y en cualquier país. Celebro que te hayan invitado a este en particular

  5. Que espléndida narración, yo hace como veinte años no voy a San Miguel, que debe estar aun más bonito de lo que recuerdo.
    «Porque si una dificultad presenta la fortuna es, muchas veces, la dificultad para mirarla como tal» le robo esta frase…
    Saludos

  6. ¡Hola! que genial que hayas ido a Guanajuato, mucho mejor a un festival de lectura…entonces ¿lo organiza un extranjero? ¡Que emoción, el estar en un evento así de bonito y conocer nuevas personas que, quizá en algún momento de nuestra vida las leímos, es como si la conocieras desde hace mucho tiempo! El frío y la emoción que sentías jugaron un buen papel esos días.
    Saludos 🙂

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