Quitando los hijos

Luego todo fue ir a las mismas bodas y a los mismo velorios, encontrarse con luz y sin almíbar, entre la dicha o la desgracia de otros. A veces les tocaba sentarse juntos en una cena grande de esas que ofrecía para quien fuera el amigo más fiestero de todos.
Entonces se decían cosas tontas y acumulaban ganas y desorden en el orden impreciso de la inmensa y al mismo tiempo pequeña ciudad en que vivían. Veinte millones de habitantes, pero cincuenta mil de conocidos y doscientos de amigos más o menos cercanos. Era igual, para efectos de encuentros y recuentos, lo mismo podían haber vivido en Cholula. La misma vida les quedaba cerca, los mismos restoranes, las mismas playas, no más de tres puntos de vista, el mismo lío en todos los periódicos y la misma televisión con cien canales y ninguno. Siempre el viernes dormido entre los dos, como la promesa mejor tramada y más increíble de cuantas se prometan. ¿De dónde iban a creerla si era un juego, si tantos años fue y vino como el aire?
Mejor que nadie, todas estas preguntas de Claudia las conocía Teresa, la prima de su corazón, que las llevó con ella la mañana del lunes en que Claudia la acompañó a que él viera sus pechos y dijera si podía componerlos del destrozo que les había dejado un cáncer y un mal de hombre que, según ellas, fue la causa de semejante enfermedad.
Dijo él que lo del cáncer podía componerse con dos operaciones y paciencia.
Lo del mal hombre no se lo dijeron, así que no fue necesario que él diera su diagnóstico en contra de cualquiera que habiéndose encontrado a tiempo una mujer con la estirpe de aquella, no la hubiera abrazado para siempre cuidándola del cáncer y del cielo.
–¿Cuánto le falta a la semana nuestra para que llegue el viernes?—le preguntó él a Claudia mientras su prima se vestía.
–Lo que tarde un desastre –le contestó ella, sabia de tanto saber que él ya vivía mitad del tiempo en México y la otra mitad en cualquier otra parte del mundo. Contenta de prometerse un viernes imposible. ¿Qué día te vas al siguiente viaje?
El le puso la palma de una mano en la mejilla y dijo que en cuanto consiguiera pasar por un día que por fin fuera viernes.
Se despidieron hasta entonces como parte del juego en que vivían.
Punto y aparte: Como ven son lentos, pero van. He regresado pronto para que hoy mismo salgamos de la duda. y lo de los hijos, fue divertido ponerlo en la línea argumental, pero no sucedió. Eso sí les sigo, si no fuera porque había impedimentos económicos, profesionales y racionales, yo hubiera querido diez hijos. Más ahora que se van dos y ya no me queda ninguno.


26 comentarios en “Quitando los hijos

  1. Ya que estamos dedicadas a las telenovelas…..¿vieron que mi idola Maggie Smith, la actriz británica , se alzó con el premio SAG y es candidata al Oscar por su personaje de la abuela Violet en Dowton Abbey?

  2. Max… Marióncita tiene razón, dejando los hijos a un lado, estamos expectantes a ver a qué hora les llega el viernes a este par!

    «He regresado pronto para que hoy mismo salgamos de la duda.» dijo la Autora…. Yoeje estado pendiente……. A ver si con este frío se animan!

    Besos

  3. No es esa la razon del silencio, Manu, sino que nos quedamos de una sola pieza al comprobar que el ansiado viernes va para lungo (como chamuyamos los del Plata)

  4. No te quejes, Ángeles querida, a las Chinitas nada más les permiten uno.

    Dicen que es muy feo cuando los hijos se van…
    Pero es peor cuando las hijas se quedan.

  5. Querida Ángeles, los hijos no se van sólo se mudan de casa y además en el mejor de los casos aportan personas que llenan más nuestras mesas y nuestras vidas.

  6. Pues si, los hombres son de marte (Y yo personalmente, arranco las semanas y empiezo a carburar en martes)
    Y las mujeres son de los viernes y su venus (Y algo quiere decir que mañana sea martes y falte un día menos para el viernes, dies Veneris)

  7. Buenas tardes Ángeles querida,

    Esperaremos… Qué remedio.

    Lo de tener más hijos… Ni te preocupes… Al rato te van a llenar de nietos!

    Un beso,

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