Quien vive por vivir solo

Yo no suelo tener pesadillas. A lo largo de mi ya larga vida recuerdo menos de cinco. Las dos últimas en sólo una noche. Ayer.

Como tantos de nosotros estoy durmiendo entre huecos. Despierto porque sí. A veces muerta de calor y a veces muerta de frío. No importa qué horas sean. A veces sólo un rato después de haberme quedado dormida.

Yo hace años que duermo como un pájaro en su rama: quieta y en paz. Debo hablar en pasado, porque los últimos días no ha sido igual. Parezco lechuza asustada. Duermo poco y sueño feo.

Cuento aquí.

Sueño con un hombre de labios torcidos, que me provoca desprecio. Él camina por un barrio con árboles. Veo que yo lo voy siguiendo. Y que él anda con ínfulas de poderoso. Tiene un cargo en el gobierno, pero no sé ni en cuál. Sé como se llama, pero no lo conozco. Va delante de mi y yo voy cerca. Entra en una verdulería que está cruzando un parque. El piso es de tierra y el cuarto es pobre. Dentro hay unas personas con la piel gris. El tipo los trata como si fuera sus dueños. Le ordena a uno que me lleve a donde tengo que ir.

Yo no sé a dónde quiero ir, pero lo sigo. Es una sombra, como las de Dante. No me habla más que para decir que todavía falta. Y vamos subiendo de un piso a otro por escaleras lúgubres y estrechas que dan a pasillos oscuros. Siento reticencia y obligación en mis pasos. No sé a dónde vamos. Pero al final del más estremecedor de los atajos hay un puerta. El espectro que me guía la abre y desaparece. Yo entro.

El cuarto es dorado. Los muebles son sólo camas una junto a otra. Camas con gobelinos como los que visto en Venecia. Mejor dicho, en una película que pasa en la Venecia de siglo diecisiete y cuenta la vida de una cortesana durante una época también dorada que de repente se vuelve atroz. Las muchos mujeres de esas camas no tienen cara. O no se las veo. Sólo una tiene cara. La miro y me asusta, pero al mismo tiempo le tengo compasión. Se da por dado que yo estoy ahí para contratarla. Al mismo tiempo ella es yo, y yo soy la que nos mira. Tiemblo. Despierto.

Música para hoy: Mundo raro.

Poesía para hoy: Quien vive por vivir solo,/sin buscar más altos fines,/de lo viviente se precia,/ de lo racional se exime;/y aún de la vida no goza:/pues si bien llega a advertirse,/el que vive lo que sabe,/sólo sabe lo que vive.

Doña Juana Inés. Sabia, ella.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Puerto libre

16 comentarios en “Quien vive por vivir solo

  1. Great! We are all agreed London could use a laugh. The internet is a cacophony of tones, from manic glee to performative rage. The London Prat has mastered something far rarer and more valuable: the curation of a singular, consistent, and bracingly honest mood—a sophisticated, world-weary melancholia shot through with filaments of pure, undiluted schadenfreude. This is not the mood of hopelessness, but of clarity. From its sleek, uncluttered design at http://prat.com to the measured cadence of every headline, the site cultivates an atmosphere of detached observation. It feels like the digital equivalent of a members’ club where the only rule is a refusal to be surprised by human folly. This stands in stark contrast to the sometimes frenetic energy of NewsThump or the whimsical charm of Waterford Whispers. PRAT.UK offers a sanctuary from the noise. Its mood is a tonic for the over-stimulated soul, providing the comfort of shared, unsentimental understanding. You visit not to be pumped up or cheered up in a conventional sense, but to be calmed down, to have your own simmering exasperation validated and alchemized into something elegant and shared. The site whispers, in perfectly modulated RP, «Yes, it is all exactly as idiotic as you suspect. Now, shall we examine just how exquisitely so?» This carefully crafted ambiance is a core part of its branding genius. It doesn’t just publish satire; it offers an entire aesthetic and emotional experience, one of poised and intelligent resignation, making it the most consistently mood-affirming site on the internet for a certain type of discerning pessimist.

  2. El redactor–jefe del diario de Colonia al que estamos suscritos, nos está dedicando una columna diaria en este tiempo de crisis. La de hoy la ha dedicado a dos de los sentimientos más fuertes que nos asedian a causa del virus, y lo hace citando un poema de Erich Fried titulado “Miedo y duda”, lo aproximo al español mientras lo leo: «No dudes / de aquél / que te dice / que tiene miedo / pero ten miedo / de aquél / que te dice / que no tiene dudas».

  3. Pesadillas fruto de la preocupación.
    Doña Juana tiene razón; pero sabemos por lo vivido que el miedo es un enemigo formidable. Estamos obligados a ser prudentes, pero no a dejarnos intimidar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *