Ustedes perdonen, un poco de trivia para el mal de noticias extremas: Hace tiempo que había empezado a oír mal. En las conversaciones componía cosas y ya nada más me faltaba sacar una cornetita de las que les ponían a los viejos en las novelas del siglo diecinueve. Consideré pertinente ir al doctor y fui muerta del miedo a oír que dejaría de oír. Antes de que otra cosa pasara el doctor sacó unas pinzas y cayó sobre mi oído derecho. Puso voz de asco y dijo que todo se veía espantoso. Más me asusté. «Quizás le moleste un poco, está muy dura esta pared.» ¿Una pared?, pensé. ¿Tengo una pared en el oído? Pues sí, tenía dos paredes. Me las quitaron y de un momento a otro empecé a oír el sonar de un aire acondicionado, las burbujas de una pecera, el tic tac de un reloj, la voz de una señora tras la ventana y el remoto motor de los camiones que bajan por Constituyentes como si bajaran a los infiernos con el infierno que son. No estaba sorda. Los oídos andaban de parranda. Se quería tapar para dormir tranquilos. Ahora despertaron y me despertarán. Por fortuna. Aunque oír esta ciudad parezca un infortunio.
Eso sí, no se me irá una palabra en las comidas. Voy a oír hasta la última letra del abecedario con que a veces narramos el espanto. Tampoco me perderé nada que hable de la ajena alegría. Yo alegre estoy siempre, aún cuando me ronda la tristeza. Esto de vivir es digno de oírse.
Punto: Les conté a mis hermanos en el chat que tenemos los cinco. Dijo Daniel: » A mí también me ha pasado eso. Y oyes hasta el paso de las hormigas.»
Recomiendo:El texto de Luis de la Barreda sobre el No más sagrado. http://www.excelsior.com.mx/opinion/luis-de-la-barreda-solorzano/2017/03/23
Borges . Poema de cantidad …. para los efectos que corresponda.
Pienso en el parco cielo puritano
de solitarias y perdidas luces
que Emerson miraría tantas noches
desde la nieve y el rigor de Concord.
Aquí son demasiadas las estrellas.
El hombre es demasiado. Las innúmeras
generaciones de aves y de insectos,
del jaguar constelado y de la sierpe,
de ramas que se tejen y entretejen,
del café, de la arena y de las hojas
oprimen las mañanas y prodigan
su minucioso laberinto inútil.
Acaso cada hormiga que pisamos
es única ante Dios, que la precisa
para la ejecución de las puntuales
leyes que rigen su curiosos mundo.
Si así no fuera, el universo entero
sería un error y un oneroso caos.
los espejos del ébano y del agua,
el espejo inventivo de los sueños,
los líquenes, los peces, las madréporas,
las filas de tortugas en el tiempo,
las luciérnagas de una sola tarde,
las dinastías de las araucarias,
las perfiladas letras de un volumen
que la noche no borra, son sin duda
no menos personales y enigmáticas
que yo, que las confundo. no me atrevo
a juzgar la lepra o a Calígula.
Dejar de escuchar, aunque sea el infierno citadino, es terrorífico. Nos desconecta de un componente evolutivo fundamental, la captación de vibraciones.
A veces estando con mi pequeño le digo:»no pido que te calles, solo pido quedarme sorda!» Jaja. Mi abuela esta sorda, sorda se audífonos! Pero se metia en las conversaciones de voz baja con mi hermana que para qué te cuento! Besos!
Tendré que hacer lo mismo. Mira que si vuelvo a oír el caminar de las hormigas… Claro que de conseguirlo más de una vez tendré que hacerme la sorda.
Besos, Ángeles.