Hace años que Luis escribía como un condenado a muerte. A veces su textos daban miedo de tan lúcidos y tan necios, de tan valientes y tan violentos.
Luis fue durante muchos años un hombre alegre. Aún en los últimos tiempos, siempre con vértigo, mientras hablaba con el fervor de un adolescente, se veía feliz. Con todo, no me sorprendió, a pesar de la penumbra que siempre acompaña a la tristeza, que Luis hubiera decido dejar de vivir. Estaba en su actitud frente a la vida la certidumbre de que era toda suya. De que andaría en el mundo hasta que se le diera la gana, hasta cansarse de disfrutarlo. Hasta que la memoria se hartara de no olvidar el dos de octubre.
Respetuosa de su lucidez y de sus ocurrencias yo hubiera preferido que Luis no se matara. Pero no le falta lógica a lo que hizo. Ni a la premeditación que le dedicó.
La última vez que lo vimos le pidió a Héctor que fuera testigo de la entrega de sus papeles al Archivo Nacional. Yo volví a decirle que podíamos ir por él a Guadalajara cuando quisiera. Pero con la misma contundencia de otros diciembres volvió a responder que ya no quería viajar. Estábamos cenando en un restorán recomendado por él, en el que comimos lo que él ordenó y en el momento en que él lo pidió. Le gustaba mandar y lo dejamos.Esa noche todos comieron de su mano. Encantados. Escuchándolo contar el pasado y predecir el futuro sin la más mínima sombra de pena. Creo que dichoso de exhibir su pasión por contar y su gusto por saberse escuchado.
La última vez que hablé con él fue para preguntarle cómo hacer para mandar al Senado mi voto por Gonzalo Rivas Cámara para la medalla Belisario Domínguez. Se había vuelto su obsesión que se premiara a un hombre inocente que cambió su vida por la de muchos otros cuando en lugar de huir de la gasolinera que en que trabajaba murió para evitar una explosión que hubiera provocado la muerte de cientos de personas. Tenía razón. Muchas veces tenía razón. No sé si ahora, al quitarse la vida, bárbaramente libre de la que fue dueño cabal.
Habrá que oír a Mozart.
Respeto todos sus comentarios, pero negar que Luis González de Alba era un pederastra descarado?
¿Cómo defender que Luis González de Alba defendío a Fox, Calderon y al dizque nuevo pri?
¡Luis González de Alba burlandose y justificando la ocupación de Palestina por los judíos!
¿Su propia muerte de él?
Sí tienes razón. En fin Koestler fue su modelo, lo digo porque hasta no se ha señalado.
No se olvide que fue un gran admirador de A. Koestler hasta en la manera de planear su propia muerte: ambos se suicidaron.
Otro santón para los altares…
Este domingo, a las 9 horas, busqué como de costumbre el artículo de Luis González de Alba. Lo leía antes de cualquier otra columna; años pensando que me urgía conocer a esta persona con la que pocas veces disentía.
A medida que leía el artículo pensaba:esto es extraño, él, tan ordenado parecía haber redactado un recordatorio de lo que él mismo no estaba dispuesto a olvidar y que no quería que nadie olvidara:
El 2 de octubre, desmitificando por enésima vez lo que por costumbre, mito o conveniencia todos creen saber o afirman saber, su especial repulsión al vandalismo anónimo e inútil que solo se iguala a la de los oportunistas; la traición nunca olvidada, esta vez llegando más lejos dando un puntapié mortal de familia que más de uno pensaría podría tratarse de «rudeza innecesaria». Y finalmente sus amores, cuya cronología melancólica conocíamos de sobra por sus múltiples remembranzas, un recordatorio de esperanza de ver por fin al amor de su vida, extraño en alguien que no cree en Dios, ¿pero si en otra vida? Y por supuesto; como siempre, pero con las palabras de quién no conocerá el desenlace escribía «¿te habrán arrancado la medalla Belisario Domínguez Gonzalo Rivas Cámara que salvaste cientos de vidas a costa de la tuya»?
Irremediablemente pensé:¿que es esto? Parece un epitafio.
A las 12 del día el primer twit de Guadalajara que confirmaba su muerte.
Pensé: no, no, no fui a su dirección de Twitter tratando de ver qué escribía, pensando desmentir una locura más del Twitter, abrí la música que decidió que escucháramos. No me quedó duda, yo había leído un epitafio, me odié por haberlo adivinado.
Bajé un poco La pantalla de Twitter y me encontré en una de sus últimas conversaciones me encontré charlando yo misma con él en un intercambio como muchos que teníamos, conmigo siempre amable y empático, siempre inteligente y contundente.
Acepto que jamás se me llenaron los ojos de lágrimas por la muerte de alguien que no conocí personalmente. Creo en la libertad de decidir cuándo morir como el mismo escribió hace tiempo en Nexos. Pero ! Cuanto me va a hacer falta abrir la página del diario y poderlo leer!.
Maesrtra: Bonito recuerdo de Luis Gonzàlez de Alba, què bien que no se lo guardò. Vale.
Sra.Angeles Mastretta y Sr.Hector Aguilar Camin,les mando mi solidario pésame por la desaparición física de Luis González de Alba,su obra queda.
Un abrazo de un lector frecuente.
Heras
Caricaturista.
Gracias, ya corregí. Roberto Rivas Cámara. Y gracias a todos. Arnoldo querido, quiero pensar que es cierto lo que nos dices, que el suicidio es el máximo ejercicio de autonomía y libertad. Sin embargo, algo más siento: el suicidio es ser libre de todo, menos de uno mismo. Qué difícil.
Fue un hombre muy valiente. Al final, la trascendencia de sus obras y acciones lo mantienen vivo; entre nosotros.
Fue un hombre muy valiente. Al final, la trascendencia de sus obras y acciones lo mantienen vivo; entre nosotros.
Gracias Ángeles por acercarnos a Luis, por ofrecernos una pequeña radiografía de su ser. Al leerlo intuías de él lo que tu escribes. Era un ser libre. No es fácil ser libre. Él si lo era. Lo sé por sus textos. Y lo sé porque lo he leído: el suicidio es el máximo ejercicio de autonomía y libertad. Ese debe ser su epitafio.
Abrazo,
Arnoldo Kraus
En ocasiones el odio le nublaba el juicio. Poco amable cuando enfrentaba a sus malquerientes. Pero valioso, instruido y con indudable vocación de enseñanza. Un hombre valiente que nadaba contracorriente y, sobre todo, un hombre coherente: coherente a pesar de las mentadas, amenazas, burlas y escupitajos: afrentas que devolvía con singular y envidiable estilo. Se va físicamente pero sus enseñanzas, análisis y reflexiones se quedan entre nosotros. «Se le va a extrañar», diría el sobadísimo pero certero cliché.
Y hasta el momento, siendo las 20:07 (hora del centro de México) del día 3 de octubre, no se ha dicho ni medio pío en la cuenta de Twitter de doña Elenita.
PD: Hay un pequeño error en el nombre del héroe de la gasolinería: Medalla Belisario Domínguez para Gonzalo Rivas Cámara.
Me encantaba como escribía y lo extrañaré cada mes en Nexos; un abrazo para ustedes……
como todo lider que no obtuvo victoria en su gran epopeya,se harto de la esperanza de volver a la» refriega», del ideal que lo conducía al absurdo e incongruencia de este tiempo»»»requiescat in pace»»
y no se me hace que le gustara un requiem ,,por eso convido el kirie mas hermoso de mozart»»
https://www.youtube.com/watch?v=vhMAhuY4DA8
¡Pero cómo! ¡Qué cosas!
El suicidio es lo más violento y respetable que conozco.
Qué hermoso, Ångeles, todo lo que le dices. Allá arriba y aquí con nosotros.
Lo leía….. y me duele.
Gracias por la compañía. Luis lo pensó mucho. Yo no entiendo el suicidio. Lo que no me quita del intento de comprenderlo. Tenía tantas maneras de ser feliz. Aún así, ya no quiso vivir. Y lo había decidido tiempo antes. Hay que leer su texto de ayer para saberlo. Lo escribió el cuatro de agosto, pensando en publicarlo el dos de octubre. Yo siempre que me despedía de él lo abrazaba como si para nunca, pero siempre volvía encontrarlo en diciembre y a leerlo todo el año dando batallas. Muchas veces, batallas en el desierto. Leerlo era como escuchar la última voluntad de un sentenciado a muerte. y daba miedo por él, que encima se divertía desafiando. Hará falta su voz. Mucha falta su audacia.
—existe una enorme diferencia entre no querer seguir viviendo y querer, finalmente, morirse… por lo que percibo, Luis finalmente se hartó de lo que vivía porque nadie quiere, en su sano juicio, realmente arrancarse en la vida… y Luis lo estaba, y lo estuvo siempre…
Qué pena me dio esta noticia él que me enseñó las mentiras de mis maestros, justo un 2 de octubre, que pena, pena para los que nos quedamos, estas sí son las cosas que cuentan mucho!
Leí todo lo que escribió en Nexos y no siempre compartí algunas de sus opiniones, pero lo leía con interés.
Tuvo la valentía de decidir hasta cuando quería vivir.
«Uno no se muere cuando quiere, sino cuando puede». Luis decidió cuándo morirse. Y lo extrañaremos y recordaremos eternamente, escuchando a Mozart.
Claro!