La sal y el silencio

Creía en Dios como en la sal y el silencio. Dos maravillas sin las cuales no podía imaginarse la vida. Tampoco sin la idea del magnánimo, misericordioso y buen Dios. No hablaba de su fe ni molestaba a los otros con la urgencia de que rezaran o compartieran sus dudas. A ella le resultaba necesaria la idea de que alguna inteligencia superior, todo poderosa, hubiera planeado el mundo. Ningún humano sería capaz de inventar un árbol, una gota de agua, un clavel, decia. Algo tenía que haber tras la belleza, tras la extravagancia del mundo. Alguien, aunque fuera una idea, tuvo que pensarlo todo por primera vez. Que de tal quimera dependiera la vida o la muerte de los seres humanos no lo creyó nunca. Tampoco que aquel destello tuviera un hijo, menos que la madre de ese hijo bajara a la tierra a pedir que le construyeran un templo. Muchísimo menos que un ruego humano a lo que fuera el origen de la vida podía cambiar el destino de alguien. El hielo y el deshielo, la lluvia y los volcanes hacían sobre la tierra lo que se les pegaba la gana, lo habían hecho desde siempre sin autorización de nadie. Existían porque sí, no porque alguien los hubiera soñado, pero en alguna parte había empezado eso que quizás no acabarían nunca. A eso le llamaba Dios. Un ser sin principio ni fin. Le gustó desde chica la idea. Sólo eso, una idea. No algo que le diera razón a la sin razón, ni alguien que consintiera el mal y premiara el bien. Algo en el aire a quien encomendar el ánimo cuando enfrentaba un sin remedio. Algo como la sal y el silencio, podía llamarse Dios.

Pregunta: ¿Les gustaría un personaje así? Inventé este principio y no sé qué sigue. Lo dejo para buscar su opinión.

 

 

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Puerto libre

10 comentarios en “La sal y el silencio

  1. No creo en Dios porque nunca lo he visto.
    Si él quisiera que yo creyera en él,
    seguro que vendría a hablar conmigo
    y entraría por mi puerta diciéndome: ¡Aquí estoy!
    Pero si Dios es las flores y los árboles
    y los montes y el sol y el claro de luna,
    entonces creo en él,
    entonces creo en él a todas horas
    y mi vida entera es una oración y una misa
    y una comunión por los ojos y por los oídos.
    Pero si Dios es las flores y los árboles
    y los montes y el claro de luna y el sol,
    ¿por qué llamarle Dios?
    Le llamo flores y árboles y montes y sol y claro de luna;
    porque si él se hizo para que yo lo viese,
    sol y claro de luna y flores y árboles y montes,
    si se me aparece como árboles y montes
    y claro de luna y sol y flores
    es porque quiere que lo conozca
    como árboles y montes y flores y claro de luna y sol.
    Y por eso yo le obedezco
    (¿qué más sé yo de Dios que Dios de sí mismo?)
    le obedezco viviendo, espontáneamente,
    como quien abre los ojos y ve,
    y le llamo claro de luna y sol y árboles y montes,
    y lo llamo sin pensar en él,
    y pienso en él viendo y oyendo,
    y ando con él a todas horas.
    ‪#‎ElCuidadordeRebaños‬ ‪#‎FPessoa‬

  2. Es una idea que necesito a veces. Puedo invocarla un día sí, y un día no. Comparto el concepto en global. Sobre todo, tengo la certeza de que no hay ruego escuchado. No señor. No tiene la capacidad de escuchar. Tu personaje la necesita también así: a veces, un día sí, otro día no.

    Gracias Ángeles.

  3. Ella que nunca pisaba el metro y no por snob si no porque todo lo que cabía en su mundo de veintidós años lo recorría caminando..encontró una nueva vida en los andenes del metro..una vida inimaginable aun para ella que era una soñadora..vivía por azahar en la mas bella ciudad del mundo..y de pronto y de la nada por la escalera eléctrica a solo dos escalones subía su destino…ahí empieza su verdadera y única historia…ella tenia por cierta la verdad de un Dios asi..como usted lo escribe…

  4. Está claro que ella necesita esa idea, de la necesidad hace virtud pues adelante con los faroles como decimos por aquí. Es un buen comienzo, ese personaje tiene cuerpo y grandes ojos.

  5. Si tu personaje va a creer en un «Ser Supremo» como tal, «alguien a quien recurrir cuando se enfrenta a un sin remedio (como tú dices)», sin tomar en cuenta la religión (sea cual sea ésta), será sumamente interesante ver como lo desarrollas. Al no tener creencias (tal vez podríamos llamarlos prejuicios) acerca de un dios, ni tampoco una guía religiosa para «saber como encomendarse a él», no concibo de que manera podría pensar en Él (su Dios). Al menos tu servdor, si siguieras desarrollando el personaje, esperaría con ansia tu libro, pues yo igualmente creo en un Ser Supremo, pero dejando fuera totalmente a la iglesia y su religión. Saludos.

  6. “¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros.” 

    Epicuro de Samos

    Saludos

  7. ¿Un personaje así? ¿Un Dios? No. Yo no necesito a ningún dios; yo sólo necesito a semejantes con los que me pueda entender y que me entiendan. Sólo eso.
    Con lo de desastres que han acarreado todos los dioses que hemos inventado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *