Hoy le pido prestadas sus palabras a Luis de la Barreda Solórzano. Y aquí se los dejo:
GONZALO RIVAS
Luis de la Barreda Solórzano
Nadie guardó en su memoria un minuto de silencio. No hubo una ceremonia, ni siquiera un discurso, en la que se le rindiera homenaje post mortem. Nadie marchó por las calles ni promovió o firmó un manifiesto exigiendo el justo castigo a los responsables de su muerte.
Pero su hazaña merece el mayor de los reconocimientos. Su acción heroica salvó muchas vidas aunque, tristemente, no pudo salvar la suya. Su muerte fue lenta, precedida por el suplicio de las terribles quemaduras.
Sus compañeros de trabajo comprensiblemente corrieron tratando de ponerse a salvo, presas del inevitable pánico ante lo que sería una terrible explosión de consecuencias catastróficas, dantescas.
Él no ignoraba el riesgo en que se colocaba al actuar como lo hizo. La muerte significa perder todo lo que tenemos, pero hay cosas aún peores, como los sufrimientos atroces previos al último suspiro, el dolor físico insoportable sin esperanza de recuperación.
El instinto de sobrevivencia nos empuja a preservar la integridad física, a huir del peligro grave, a ponernos lo más lejos posible de la amenaza que nos anuncia un mal mayúsculo e irreversible.
¿Qué motiva al héroe a desafiar la fatalidad trágica y la necesidad de lo inevitable, a mirar frente a frente a los dioses, como describe el poeta Vicente Quirarte, y decirles que se acepta la batalla?
“Héroe ––define Fernando Savater–– es quien logra ejemplificar con su acción la virtud como fuerza y excelencia”. En el héroe la virtud surge de su propia naturaleza, como una exigencia de su plenitud. Su heroísmo no es incompatible con la comprensión cabal de nuestra condición frágil y vulnerable, sino que sirve para corregirla, así sea limitada, insuficientemente.
Gonzalo Manuel Rivas Cámara, supervisor de la gasolinera Eva II de Chilpancingo, Guerrero ––ubicada a un lado de la Autopista del Sol––, se encontraba en su oficina el 12 de diciembre de 2011 cuando se inició el fuego provocado por manifestantes normalistas en una de las bombas despachadoras.
Mientras todos huían de la inminente explosión de los gases subterráneos, Gonzalo salió de su oficina, cerró las válvulas de los ductos de alimentación de las bombas y se dirigió a la bomba que se incendiaba para apagar el incendio.
Logró hacerlo, pero un recipiente con gasolina que se encontraba encima de la bomba incendiada estalló. Las llamas lo envolvieron. Su agonía duró tres largas, interminables semanas. Murió en el hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social de Lomas Verdes, en Tlanepantla, Estado de México.
A Gonzalo Rivas esa acción admirable le costó la vida, pero si no la hubiera realizado los tanques subterráneos de la gasolinera hubiesen estallado lanzando por los aires a manifestantes, agentes de la autoridad y vehículos de transporte público y privado con pasajeros.
No hace falta subrayar el valor y la generosidad extraordinarios de esa conducta: valor para arriesgarse de tal manera, para ser él mismo, para sacar lo mejor de sí, y generosidad por amar la vida a tal punto que se atrevió a jugarse la propia por salvar centenares de vidas, entre ellas las de sus homicidas.
Gonzalo Rivas dejó una viuda y dos niñas huérfanas. Otros muchos no quedaron en la viudez ni en la orfandad ni sufrieron el inaudito pesar de perder a un hijo gracias a su heroísmo.
Durante varios meses una sola voz, la de Luis González de Alba, pidió insistentemente que se le otorgara la medalla de honor Belisario Domínguez. González de Alba ya no está con nosotros, pero el eco de su voz no puede dejar de escucharse.
El reglamento correspondiente señala que esa distinción “… se conferirá en vida o de manera póstuma a los hombres y mujeres que se hayan distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente como servidores de nuestra Patria o de la humanidad”.
El servicio que Gonzalo Rivas hizo a la Patria y a la humanidad es asombroso, insólito e inconmensurable. Lamentablemente nada podrá devolverle la vida, a él que amaba tanto no sólo la suya sino toda vida humana. Revivirlo sano, sin quemadura alguna, sería el mejor premio. Es imposible. Pero sin duda merece de manera póstuma la medalla Belisario Domínguez.
Punto y aparte: no podría yo estar más de acuerdo con este Luis, y con el otro, en que Gonzalo Rivas merece la medalla Belisario Domínguez. Pero yo creo que no se la darán. No está en la índole de nuestro país, por lo mismo no en la de nuestro legisladores, premiar a héroes desconocidos. Más aún si una parte de la población no querrá reconocer como héroe a un hombre que cumplió consigo y con la vida, sin más partido político, ni más interés que su instintivo amor por la vida misma.
Punto final: De cualquier modo, invitar a los legisladores a detenerse en este hombre, harán pensar a quienes tienen la responsabilidad de compensar a su viuda y sus hijas, las autoridades de Chilpancingo en Guerrero, en caso de que ahí exista algo como la autoridad, al menos como lo manda la ley. Porque ni siquiera han hecho eso por ellas. A veces, somos de dar vergüenza.
Querida Ángeles,
Me gusta la perspectiva de Luis de la Barreda. Gracias por traerla.
Si no existe el sentido común, que es el menos común de los sentidos. Si vivimos en el absurdo co-ti-día-no….. Ya nada nos debería sorprender, pero, con gran empeño, lo logran. Y como botón de muestra el caso de Gonzalo Rivas y la merecida medalla Belisario Domínguez.
Hoy…. El Premio Nobel de LITERATURA se lo dan a Bob Dylan. (La respuesta está en el viento siempre me ha gustado, especialmente con Joan Báez o con Marlene Dietrich) pero me pregunto ¿qué no hay un literato en el planeta entero que esté en un nivel superior? ¡El absurdo co-ti-día-no!
¿Por qué le dan el Premio Nobel de la PAZ al presidente Santos?
Es maravillosa su iniciativa si ésta hubiera sido para convencer a las detestables FARC de firmar La Paz a CAMBIO de amnistía para sus representantes y seguidores. Eso sería el producto de un enorme esfuerzo y un alivio para el mundo que esas FARC se hubieran esfumado con la ayuda y el poder de un gobierno democrático. Pero, pero, ¡¡¡pero!!! Que negocie La Paz GARANTIZÁNDOLES un lugar en el congreso?? Por Dios que no lo entiendo.
Ya nada más me falta ver que Trump le guste a la mayoría Gringa.
Qué preocupación.
Buenas noches, que descanses.,
Siempre he estado de acuerdo en que el Sr Ing Gonzalo Rivas tenga un reconocimiento por su noble acción, lamentablemente hay personas que politizan el reconocimiento inclusive mi hermano menor maestro de profesión y simpatizante de un partido político, MORENA, no reconoce la gran acción del Ing Gonzalo, todo para no hacer ver el tremendo daño ocasionado por los normalistas, desafortunadamente los políticos, que al final de cuentas son los que dan el reconocimiento, no van ha quererse ver cuestionados y optaran por no reconocer el acto de heroísmo de un gran Ciudadano el Ing Gonzalo Rivas, y creo que ni pena les va a dar.