Me encontré el relato de una conversación imaginaria con mi amigo Ignacio Cardenal. El tan querido primer editor, en España, de «Arráncame la vida». Tenía yo entonces un estudio de tres metros cuadrados en el que fui muy feliz. Desde la ventana veía a mis hijos saltar en la cama elástica, y como puse unos libros sobre el vidrio, los niños aparecían y desaparecían entre los huecos que habìa entre unos y otros. Era 1991, cuando escribí:
¿Qué sería de nosotros si los caminos de nuestra cordura no hubieran encontrado puertos libres a los que asirse? A pesar del cercano ruido de la cocina, este cuarto que no alcanza el uno y medio por el uno y medio, tiene a veces la magnitud de un puerto y a veces me concede la libertad. Esta cajita de zapatos, este Volkswagen con dos máquinas de escribir, estacionado siempre en el mismo lugar de la calle Gelati recibe embarcaciones de todas partes, y cobija lo que le van dejando.
Tengo secretos y profecías escondidos en él, tengo la foto de Carlos Mastretta abrazándome mientras me enseña el horizonte, tengo la risa de mi madre a los doce años y la de mi hija a los seis, tengo al doctor leyendo en la redacción de un periódico y a mi hijo con la lengua de fuera pedaleando una bicicleta. Tengo a mi hermana muy seria con un sombrerito de paja y flores, zapatos de charol y guantes blancos. Tengo al mar de Cancún y todas las mañanas miro el asombro con que abrazo una enorme langosta en Cozumel. Tengo una mesa con las patas que fueron de la máquina de coser, y un barco que pintó Mateo junto a un arcoiris irregular y voluntarioso que me regaló Catalina. Tengo secretos y profecías en este cuarto y a pesar de que le falta horizonte y uno sólo oye el mar de vez en cuando, es un puerto libre. Aquí tengo el aparatito Sony desde el cual emprendo viajes a Venecia y Polonia, a Viena en 1891 y al México de 1943. Oigo la mejor música. Mi tocacintas trabaja todo el día y me acompaña en las tardes opacando los gritos de los niños y en las mañanas quitándole al silencio la resequedad. En las noches le subo el volumen y bailamos con Juan Luis Guerra o con el nuevo rock que mece las cabezas de estos adolescentes prematuros que son los actuales niños de ocho años. Una cómplice me graba casetes de noventa minutos con la suave revoltura de canciones a las que agrupa bajo el título de “Música para locas”. Esos los oigo en las madrugadas o cuando el desierto quiere meterse a señorearme la vida.
La libertad de este puerto blanco en el que apenas cabe el ruido de la máquina cuando la tecleo, me asusta a veces porque no siempre depende de mí, sino que se abre a la llegada de naves y abrazos que creí perdidos para siempre. Tuve un amigo español que se llamaba Ignacio y sonreía como el ángel de Huidobro. Una tarde lo perdí con la llegada de un télex avisando su muerte. Sin embargo vuelve a veces cuando sólo él sabe que hace falta. Es difícil la amistad entre hombres y mujeres, casi siempre se interponen las ganas de besarse o la certidumbre de que será imposible decirlo todo antes de que el otro levante los hombros y empiece a hablar de la situación política. El fantasma de Ignacio es mi amigo, huele a café y tabaco igual que cuando estaba vivo, y reconoce mi estupidez con mejor tino que antes.
-Sigues fumando, te vas a morir ahogado -le digo cuando entra.
-En cambio tú te vas a Nueva York, pura vida -me contesta.
-No jodas.
-No hagas como que te mueres -contesta. Y si estás de malas ya me voy.
-No, no te vayas, quédate a oir el adagio de Albinoni.
-Claro que me voy, es tristísimo. Ya tengo suficiente con estar muerto.
-Quédate, pongo otra cosa. ¿Ya oíste la que dice: “pobre corazón que no atrapa su cordura”?
-Ya, pero detesto que te hagas la loca. Tú y tu corazón son más cuerdos y más implacables que el tiempo.
-Si tú lo dices. De todos modos me gusta la canción de las burbujas y el pescado, el corazón y la luna.
-Eso a todo el mundo. Ha pegado en todas partes. Tu papá la anda cantando noche y día.
-¿Ves a mi papá? ¿Cómo está? Este año cumpliría ochenta años.
-Está bien. Sabio y silbador. Cómo silba tu papá. Me gusta encontrarlo para fumar.
-Ignacio, qué irresponsables, por eso se murieron.
-Eso creen ustedes -dice poniendo su mano sobre mi cabeza.
-Entonces, ¿por qué se murieron?
-porque sí.
-Necios. ¿También Pereyra sigue fumando en la otra vida? Claro, y comiendo postres. íQué inteligente es Pereyra!
-¿Verdad? Lo extraño, ya nadie se interesa por mis postres.
-No te quejes. ¿Por qué lloras? No te puede uno visitar sin que llores. Tiene razón tu papá.
-Mi papá. Nada más faltaba que le dieras la razón a mi papá. Se murió a destiempo. Y tú también. Tú también, Ignacio.
-Yo también. Le diré que sigues enojada. Tu corazón es cuerdo. Adiós.
-Ignacio, no hemos empezado a hablar. ¿Mi corazón es cuerdo? Ni te sabes la canción, dices que sí porque te crees el muerto y los muertos todo saben. Mi corazón es cuerdo: eso creen ustedes.
Punto y seguido: me ha gustado encontrar esta conversaciòn y pasarla a este blog. Se ve todo tan lejos y hace tiempo que yo no conversaba con los muertos. Ahora sólo hablo con mi madre, que está aún sin irse.
Punto final: Escribí para terminar aquel texto: Cuando se va Ignacio, el puerto vuelve a quedarse blanco y mudo, indiferente y angosto. Este puerto sólo a veces oye el mar. Este puerto es tan libre que nadie pide permiso ni para entrar ni para irse.
Felicidades, magnifico texto.
Mcjaramillo,
Te cuento, mi pariente y yo estamos bien , luchando con los imposibles. Viviendo un dia a la vez y sin querer pensar en las cosas que han de pasar sin que se puedan remediar.
Gracias por preguntar ,Manu
Abrazos
Gracias a ti, querida Awilda.
Besos.
Como dice Manu, las voces de mis muertos las escucho en mis sueños.
Yo ya no hablo con ellos, pienso y los recuerdo, sí, pero ya no se me va la cabeza diciéndoles esto o aquello.
Cuando despierto, sin embargo, no siempre me siento bien al recordarlos, a veces me entra la tristeza o la rabia por haberme hecho creer que estaban aún a mi lado
Ángeles! que belleza tu texto. Tu cuartito caja de zapatos, que describes de 3 mts cuadrados en el año1991, yo creo que estaba fuera del tiempo y del espacio. Imposible medirlo. Tu lugar creativo. Pura expansión.
Abrazo a todos, silabarios!
Gracias por el abrazo que a mí me toca.
Otro grande para ti.
Conversar con nuestros muertos queridos es algo que nos trae siempre una especie de consuelo. Es poderles dar vida aunque, sea por poco tiempo,luego la realidad de que ahora están en otra dimensión . Yo los imagino conversando unos con otros sobre nosotros ,los que aqui quedamos.Pienso que ellos tienen un cierto poder para ayudarnos aunque solo sea en nuestra imaginación.
..
Awilda: ¿cómo sigue tu pariente más cercano?, ¿y tú?
Besitos
Pues no tengo ni idea.
A Scheherazade le salvó el pellejo es ser una buena cuentista…
https://www.youtube.com/watch?v=pRR-FUKnimM
por casualidad, en España ¿ también está haciendo furor el culebrón turco Sherezada? Aquí está todo el mundo enganchado
Para las máscaras, muy adecuado un vals…
https://www.youtube.com/watch?v=ZNqMnfCxxC4
LEERÉIS, en mis versos, que mi vida -¡tan pobre!-
es algo bella, es algo alegre, es algo amable.
Os digo que hay estrellas sobre mi pesadumbre,
que tengo un jardín para mis tristes ideales.
Que un dulce amor me aparta las zarzas del camino,
que hay un ensueño lleno de probabilidades,
que sobre la miseria de lo cotidiano
el bienestar levanta sus torres de diamante.
No; son cosas fantásticas, ilusiones e niño;
todo eso y nada es lo mismo; no hay
más que la desnudez de una ruina triste.
¡No me creáis ya nunca… pasión!, ¡… no me creáis!
-JRJ
Qué belleza este diálogo con los muertos, este encuentro con los recuerdos, esta seguir hablando con el pasado como si fuera el presente. Eres maravillosa Ángeles, sin duda por eso te llamas así.
¿Te llamas Gabriel García Márquez? sería genial, aunque una rara coincidencia. Hablando de él, hoy cumpliría años. Hagamos una conversación hasta el puerto donde se encuentre para felicitarlo y quizá veamos alguna mariposa amarilla.
En las conversaciones se cura el corazón, ese puerto queda lleno de recuerdos y memorias, quizá una lágrima, una canción o un suspiro. Hace poco leí Puerto Libre y me gustó mucho esta parte, el de conversar con los muertos, con sus actitudes de siempre, con la misma melancolía de añoranza
Tu ignacio se murió a la misma edad que mi papá, a destiempo, debe seguir fumando puros y juntandose con sus paisanos españoles. Cada vez estoy más segura que de alguna manera nos ven y nos conversan
Te copio la mesa con las patas que fueron de la máquina de coser que está en la casa de mi madre y sigo bailando con juan luis guerra
El mundo es pequeño, también el de los muertos
ORDENO mis dolores, escritos en papel
de hilo, en consonante unos y en asonante
otros; unos en vagos alejandrinos de oro,
otros envueltos en las sedas de un romance.
Y les pongo sus números, sus títulos y un índice…
para que vosotros los leáis.
Ved: pág. 40; una torre caída.
Pág. 10; un loco amor… la cosa es fácil.
Y vosotros después, ordenaréis mi vida
en la penumbra solitaria de un estante
cuando la muerte torne en versos siemprevivos
la cubierta amarilla, elegíaca y amable…
_JRJ-
Pues yo ya ni sé si quiero hablar con ellos, si quiero que me hablen. Me recuerdan demasiado a la palabra perder.
Durante años busqué en la memoria la voz de mi padre ¿Cómo era?, la terrible angustia que me producía no recordarla. Daría lo que fuera por volver a oírla, por haber tenido un vídeo (lo tengo pero sin sonido), una grabación, cualquier cosa. Ahora ya sé que jamás la recuperaré.
Ayer pensaba en lo sorprendente e inquietante que es saber (aunque no en todos los caso) que a aquellos que te vieron nacer, tú los verás morir y a la inversa.Saber el cómo fue una gran parte de una vida (de la torpe manera en la que se puede conocer la vida de los otros) y la causa y forma de su desaparición. Tremendo.
En los sueños recuperamos las voces de los que ya no están. Al cabo de unos días vuelven a desaparecer. Hasta el próximo sueño.
Yo no y bien que lo siento.
Pues es una pena.
Uffffff señora, esas visitas siempre hacen llorar, vienen acompañadas de grandes recuerdos y pequeñas nostalgias que hacen que nunca terminen por irse, espero siempre poder encontrar ese puerto para poder cobijar todo lo que la vida me ha dejado.
Pues ya lo ha encontrado.
Djiménez: este es el sitio.
Bienvenido o bienvenida.
Mira que también puede ser triste un vals…
Pena que acompaña a la pena por el sacrificio de Bolillo.
https://www.youtube.com/watch?v=OoUBZ43M2WY
De verdad es triste el adagio de Albinoni, pero bellísimo como un atardecer de invierno.
https://www.youtube.com/watch?v=p8TkBM5DeHM
Y a esa libertad nos acogemos.
Yo no sé hablar con mis muertos porque me quedo en blanco cuando los pienso. Sólo el corazón de signos de vida, porque lo siento más apretado.
Gracias por seguir contandonos.