El que sabe lo que busca

01-geografia

Hay en las antigüedades un aire de memorias y vientos que no conocimos. También hay una impronta que quién sabe ni cómo se queda en ellas, y que algo invoca cuando las miramos, cuando se vuelven nuestras, cuando las dejamos en algún lugar de la casa para que desde ahí hablen de otros, mientras nosotros hablamos de lo nuestro.
En las cosas antiguas viven cautivos los fantasmas de cada quien. Y algo de ellos buscamos cuando vamos en busca de alguna antigüedad.
Desde hace mucho tiempo yo he querido un quinqué como el que compró mi hermana en un bazar. Lo tuvo en su primera casa y al moverse a la segunda se rompió la bombilla de cristal que cubre la luz y ella la olvidó un rato tras la puerta de un armario. Ahí la encontró mi madre cuando mi hermana se mudó con su familia crecida a una tercera casa. Paciente y tenaz como ella era, buscó por todos los bazares de Puebla, que son muchos, la hermosa cubierta de porcelana que al romperse había inutilizado al quinqué. La encontró después de unos años y pudo rehacer la lámpara. Luego la colocó en el centro de su comedor y ahí la tuvo veinte años tras los cuales, como ya ustedes saben, nos hizo la maldad de morirse. Un año más el quinqué rehabilitado iluminó Mayorazgo y luego, tras mucho decirle a mi hermana que era suyo, aceptó llevárselo a su casa frente a los volcanes. Ahí se ve precioso y su luz de pasado se ha hecho de un nuevo presente. Tendrá una vida más para contarla cuando ya no estemos nosotros para oírla. Rara manía la de las cosas que sobreviven a sus dueños. A veces, a sus varios dueños.

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Publicado en: Puerto libre

2 comentarios en “El que sabe lo que busca

  1. Yo compré una sala austriaca. De niña, donde las viera, me fascinaban sus rizos color cahoba. Nada cara. Por tonta no pregunté, allá donde Me la vendieron, de quién había sido. Debí preguntar para invitar a sus ex dueños a mi casa y la vieran qué hermosa está, qué bien apreciada y cuidada la tengo y decirles que si algún día la quisieran de regreso para sus nietos yo habría sido sólo su custodia. Lástima.

  2. ¡Qué hermoso texto, Ángeles! Mientras lo leía, percibía la vibra de mis antigüedades
    a mi alrededor; pocas pero muy selectas. Y sí, nos sobrevivirán…

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