También volvíamos cantando. En medio de un fuego seco atravesábamos el bien odiado Cañón del Zopilote. Debió necesitarse valor. La señora Mastretta, nuestra madre, para efectos del viaje Angelitos, la hija de nuestros abuelos, manejaba un Renault Dophine, en el que metía cinco niños. Éramos parte de una caravana. Seis coches que intentaban ir uno tras otro. Los Sánchez necesitaban dos porque eran diez, más su madre, la inaudita tía Maicha que desde entonces iba pidiéndole propinas a la vida. Otro ratito en el mar, otro poquito de sol, ¡dos trajes de baño! lo que para la época era punto más que un despilfarro. Los Escalera eran cinco, más la tía Alicia a quien siempre que la recuerdo embarazada le pongo una sonrisa, porque hay una película, de dos, saben algunos de ustedes que entonces no era común filmar a la familia con cualquier motivo, en la que ella aparece en el jardín cargando una jarra con agua de Jamaica y sonriendo como si adivinara que la niña que iba a parir andaría en busca del Nirvana. Ya me distraje, como la tía, que en su coche llevaba un conductor porque su cónyuge sabía los tamaños de la estirpe. Desconcentrados todos menos la madre de los Mastretta que, ya lo dije, manejaba un “renolito”, fijándose muy bien por dónde iba, como un botón en la fila de de coches largos que hacían la caravana. Una tarde, para que no nos rebasaran apretó el acelerador y por un segundo la aguja marcó ciento diez kilómetros. Y todos cantando ¿qué? Ya lo adivinó la novia del Dante en los comentarios de ayer: “El tren que corría, por el ancha vía, de pronto se fue a estrellar, contra un aeroplano que andaba en el llano volando sin descansar”. La más célebre de nuestras interpretaciones familiares. Tanto que heredamos la obsesión y ya cuando “Angelitos”, a pesar de sí misma se hizo viejita y estaba muy enferma, una tarde sus nietas y sus hijas nos empeñamos en cantársela. Cati buscó la letra en el Google de su teléfono para encontrar todas las estrofas y las fuimos leyendo en la pequeña pantalla en medio de un desentonar de gatos a media noche, frente al que ella, que era perfeccionista, por única vez, en todo ese afán de no irse que fue su enfermedad, hubiera preferido no estar.
Punto y aparte: Hoy hablé largo con Guadalupe Pineda. Nos pasa que esta ciudad en lugar de calles tiene abismos y con tal de no atravesarlos a veces nos hacemos la visita por teléfono. Entre el saludo y la despedida pasó de todo. Desde el recuento de en qué andan nuestros hijos, que como todos los hijos nuestros andan siempre en algo crucial para sus madres, hasta los dos conciertos que hicieron juntas, ella, Eugenia León y Tania Libertad, en Zacatecas y Yucatán. Lo que han crecido estas tres mujeres desde que andaban en las peñas cuando había peñas. Tienen tres voces como sus penas y sus dichas. Han de volver a repetir el encuentro y hemos de oírlas. “Mujeres de ojos grandes”, podría llamarse su concierto. De cuántas cosas puede uno, (“una”, díría Bada que debemos decir), hablar en una hora. Cupo el mundo y unas risas. Guadalupe es de risa fácil. Yo la hago reír, pero juro que sin intención. Ahora, cuando le dije, que por culpa de los cantantes, que hacen un disco y luego van dando conciertos, los editores han inventado que los escritores hagamos libros y luego vayamos “tirando netas” para venderlos, estuvo riéndose hasta que le conté que por mi ventana iba subiendo una luna anaranjada. Entonces nos acordamos de ese canto que pide: deja que las estrellitas, me llenen de inspiración. ¿Cómo se puede cantar eso y sorprender aún? ¿Cómo hace el arte para recontar lo mismo y volverlo distinto? De eso se trata. Sólo de ese intento se trata el juego.
Que susto me diste con la primera imagen del video!
Dedito presto a pantalla quedo en el aire por aparicion de Dudamel y entrada de prodigioso violin!
Ah, menos mal!
Casi te mato, Max!
Hasta mañana. Buenas noches.
http://www.youtube.com/watch?v=lGrUAA_tIgs
Ya nos están diciendo los maestro que nada bueno. En los recreos ya no se juega; se forman corros, pero cada uno de los niños embebido en su móvil.
Vamos a pasar de una sociedad individualista, porque ya lo somos, a una autista. A lo peor, es eso lo que se pretende.
Fíjate, Max, que yo a mis cuatro nietos les es he enseñado a jugar mis juegos:
«Pipis y gañas»
«El panadero»
«Bisteces»
«Échenle sal»
«Adivinanzas»
«Alas estatuas de marfil»
«Riqui Ran»
Canciones:
La Santa Catarina
Mambrú
La cación de las mentiras (como tú)
Muchísimas de los Scouts
Etc. Etc.
Y les gustan de veras….
Pues claro. Los juegos compartidos son los que socializan. Ayudan, como lo que más, al desarrollo emocional y a la empatía.
Nada bueno….me temo…
Por lo pronto los chicos de ahora no acumularan las bellas anecdotas que atesoraron ustedes.
Saben que la tecnología es muy buena; pero antes el ingenio nos daba muchas y variadas forma de entretenimiento y de compartir .Ahora ni en los viajes ni en el hogar se canta ,no se hacen juegos para pasar el tiempo . No se comparte igual. Cada quién se entrega a su ordenador,celular o juego electrónico, se és mucho mas independiente.Me pregunto que tan bueno puede ser ese comportamiento.
¡Ya veremos.!
En mi casa, Awilda querida, mi juego favorito en una mesa era;
Acitrón de un fandango, sango sango, sabaré, sabaré de un fandango con su triqui triqui trán. Un día San Pedro gritaba a Sandoval, yo amo a Sán Pedro con su triqui, triqui, trán.
¿Lo jugaste?
Pues nosotros en una escuela de pobres, con monjas dominicas como maestras, cantábamos:»al chofer no se le para, al chofer no se le para, al chofer no se la para… no se le para el camión», aclaro que con toda la candidez del mundo y sin un atisbo de albur, en nuestra incursión por la primaria. Cielito Lindo, era otra de las canciones que entonábamos hasta llegar a los paraísos anunciados; Valle de las Monjas, La Marquesa, El Desierto de los Leones, Los Dinamos o el Auditorio Nacional, el Día del Niño.
chofer, chofer, mas velocidad!,
metale la pata, y verá como se va!!!!!
(
Yo hacíamos con la música de FUNICULÍ FUNICULÁ……!
Vuelvo luego. Si puedo.
Dime la verdad….. De veras eres española?
Es que los que nacimos en el Jardín de las Hespérides somos así de raros. Algunos, claro.
En mi casa mi mamà cantaba todo el día, en el coche cantaban los dos, ella siempre le hacía segunda a mi papá y nosotros sacábamos la cabeza por las ventanillas.
Mi papá nos entretenía Hablando como Cantinflas y el colmo de la dicha…. Cuando hablaba como Chabelo. Imitaba a Pedro Ferriz y a Jorge Negrete.
Y cuando no había más… Las niñas, cantábamos todos los comerciales de la TV.
Nada, nosotros calladitos y cada uno en su mundo…
Los cantos en los viajes, sólo los hacíamos cuando el colegio nos llevaba de excursión. Las canciones siempre eran las mismas: «eres alta y delgada»… «vamos a contar mentiras». «esta noche no alumbra la farola del mar»; y desde luego, la que no faltaba nunca, nunca, era el Asturias patria querida. Si el viaje lo hacíamos con los padres, como sólo eramos cuatro, y bastante sosos, la animación la daba la radio que siempre estaba puesta en una emisora que sólo emitía música clásica.
Y si quieren más referencias no más me dicen…. ay,
¡¡¡AY!!!
¿Ven a lo que me refiero?
Gracias Max. A ésa me refería……
Buenos días Ángeles querida,
«¿Cómo hace el arte para recontar lo mismo y volverlo distinto? De eso se trata. Sólo de ese intento se trata el juego.» Dices.
Intento injusto de toda injusticia… Mi mamá nada más movía los dedos sobre el teclado y salía Rapsodía húngara número dos.
Paul Bocuse picaba carne y verduras y le salía una Gloria.
El Dr. Aguilar Camín no sabe ni una letra más que yo y a la hora de hablar dice exactamente lo que yo pienso pero a mi ni me pelan ni me salen las mismas palabras ni en el mismo orden y ya de la modulación mejor ni hablamos Güerita.
O un sordo alemán que hacía sinfonías???
Y más «cerquitas»…. José Alfredo Jimenez que sin saber tocar piano ni guitarra cuando le llegaba a la mente la letra de una canción, la escribía, con ello no había problema peeeeero…. para ponerle música se la chiflaba a alguien que pudiera ponerla en hojas con pentagrama…..
Las flores y el hombre nacieron en la misma era y la música, las matemáticas con ellos.
pero ¿y el talento?
Ni me contesten….. sé bien que se trata de muchos factores. Y un poco de suerte en la carambola genética. Si no díganme de dónde salió Serenata Huasteca.
Besos.
Es el mismo, y tan diferente como tantos años hayan pasado desde la última vez que lo cantamos. Lo vivido en ese tiempo los llenan de melancolía.
http://www.youtube.com/watch?v=ubF6uUaytp0