Comprando, como las jirafas

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Hace mucho que no voy al mercado con disciplina, menos en domingo. Pero ayer tuve que ir y quise ir al “super”. Nosotros llamamos así a la tienda de autoservicio, ésa en la que hay carritos y uno va echando ahí las cosas que busca o encuentra en los estantes. Quizás este quehacer alguna vez a alguien le parecerá romántico y remoto, como ahora me parecen a mí los viajes de mi madre a una tienda de “ultramarinos” llamada “La Covadonga”. En el mero centro de la ciudad. De este lado los ultramarinos vendían cosas como las aceitunas, el atún blanco, el queso parmesano o las galletas de mantequilla danesa. Cosas que llegaban de lejos y eran poco frecuentes. Cosas que ahora se han vuelto mi alimento esencial, como el aceite de oliva español, que al día de hoy, aquí, se encuentra tan a la mano como en el más pequeño estanquillo de Jaén. Ese lado de la globalización, yo no tengo cómo agradecerlo.
El caso es que fui al súper en domingo. Y como la gran extravagancia, vine a descubrir que estaba lleno de compradores. No se veía la crisis en el bolsillo de nadie. Menos en el mío que soltada a mi arbitrio compré lo imprescindible, lo necesario, lo inesperado y lo inútil. No iba yo más que por dos kilos de camarones, pero se me atravesaron las fresas, los trapos de cocina, los helados, las frambuesas, los chocolates amargos, una variedad de panes, un champú, un cepillo de dientes, unos yogures de sabores para los niños, unas barritas de carnaza para los perros y otros derivados del delirio para llevar.
No es buena idea ir al súper antes de comer. Llegué a mi casa con un cargamento de rarezas y una urgencia de poner los camarones a dorarse con trocitos de ajo y chile pasilla. Por supuesto los camarones ya no fueron gigantes, porque se habían acabado y ya no fueron pelados porque inventé una receta tramposa que les deja las cáscaras dizque para que ahí se cobije el sabor, pero que en realidad se las deja porque no da tiempo de quitárselas.
¿A quién le importa todo esto? No sé, pero yo quiero contarlo a propósito de los lujos que nos ocuparon el fin de semana. He derrochado el tiempo como en mis mejores tiempos. Y estuve divertida entre la gente. En la mañana había leído la entrada de una bitácora fantástica cuyas señas llegaron a mi buzón vía la generosidad de su autor. Se llama Alfonso Polvorinos, es biólogo, especializado en zoología y botánica. Se dedica profesionalmente al ecoturismo y no saben ustedes lo que ha sido ir por su blog entre jirafas y atardeceres. Me ha fascinado y se los recomiendo. Contempla y cuenta el mundo de los animales, en Masai Mara, con tal propensión al encanto que contagia el ánimo de mirar a cualquier animal con el mismo interés. Supongo que por eso yo fui mirando a la gente elegir entre una marca y la otra, entre una fruta y la otra, entre un pescado y un sushi, con la misma fascinación con que él miró a los ñus atravesar el río Mara. Dice que ahora es época de abundante comida para herbívoros y carnívoros en las orillas del río. También en el centro de mi mercado parecía época de abundante comida. Y ahí estábamos, todos los animales humanos, distintos entre nosotros como las cebras de los cocodrilos, formados, con nuestros carros y nuestra promesa de manjares varios, tratando de cruzar los vados del río que forma la hilera de cajas en las que se paga.
Es entretenido ver humanos. Me pregunto si las jirafas se mirarán entre sí como nosotros nos miramos. Dice Alfonso que había dos de ellas, esperando a que otra terminara de destrabar una de sus pezuñas y las alcanzara por fin, al otro lado del río.
“¿Encontró todo lo que buscaba?”, me preguntó la cajera con una sonrisa.
“Y más”, le dije. Luego me traje su estampa trabajadora y sonriente. Ella debe ser como Alfonso viendo cruzar el río Mara a cuanta especie terrestre lo cruza en esta época.
Aquí pueden encontrar algunos textos de Alfonso Polvorinos: http://lalineadelhorizonte.com/revista/author/a-polvorinos/

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Publicado en: Puerto libre

4 comentarios en “Comprando, como las jirafas

  1. Te leo siempre y siempre me haces disfrutar mucho. eres parte imprescindible de mi café de la oficina. GRACIAS por existir con todo y tus palabras que tanto me sirven para hacerme los días.

  2. A mi esposa y sobre todo a mi,nos choca ir al súper, nada más por necesidad estamos cada mes ahí,pero antes desayunamos en el «Café Colibrí » ubicado dentro del súper,nos anima mucho porque disfrutamos del ambiente y del alimento,por el ya con la «pancita llena»,nos lanzamos a la selva de la compra,aquí en el pueblo, venimos al súper,poca gente pero igual que nosotros hace su compra mensual,o semanaria.
    Da dolor luego observar que todavía sacan su paliacate con un chorro de moneditas y así pagan ,nuestras cajeras son pacientes,pues también son del pueblo y aquí nos conocemos,pero llegan los vistantes de la CDMX,y abren las bolsas de las papilas y a comer y tratando de robarse lo que pueden,o sea jirafas viendo a chacales.

  3. Mil gracias Angeles no dejas de ser una ama de casa fascinante ys encilla con ese poder adquisitivo que solo als de la alta tienen; con sus diferencias verdad proque contigos e trata de una gran amestra una escritor consumada que muestra sus desalientos de manera poetica; te agrdezco con gusto lo leo. te quiero

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