Ángel mudo en el hospital

Lo dejé dormir en mi cuarto, en lugar de en su cojín bajo la escalera, porque hacía mucho frío. Se quedó aquí combinando su cuerpo pequeño y regordete con la alfombra nueva que es gris y anaranjada. Mientras vemos la tele, suele dormir dando unos ronquidos como sollozos que, según yo, hablan de la magia que sueña yéndose tan lejos como su inmutable cabeza. Pero si nos movemos, despierta. Así que cuando me cambié del sillón a la cama, y me cobijé contra la almohada intentando su placidez, lo oí sacudir la placa con su nombre que suena como una campana inconforme. “Duérmete”, le dije. Respondió con dos pasos y echando fuera la comida del día. Íntegra y sin digerir, como si acabara de caerse del plato en que se la pongo. A ésas horas y a oscuras, tratando de no hacer ruido, limpié el caos, sin el más mínimo improperio. ¿Qué sabe él de alfombras? Sin embargo, tenía vergüenza. Al día siguiente llamé a Gustavo, su veterinario de cabecera. Él es un muchacho reflexivo, que para cualquier daño puede tener una respuesta médica y una existencial. Hay que vacunar al perro para que no se contagie de algún mal y para cuidarlo con el amor que uno le debe al mueve la cola que a todas partes acompaña y, con sus ojos, todo lo descifra. incluso la emoción de nuestros pasos cuando cantan o dudan al subir la escalera.
Punto y coma: Ya saben muchos de ustedes: lo revisó y se hicieron las deliberaciones del caso. Le dolía horrible la panza, había que estar pendientes de cada uno de sus movimientos digestivos y darle tales y cuales medicinas. Al día siguiente quiso y caminar y anduvo por la casa con su habitual condición de observador melancólico.
Punto y seguido: Nino es un perro que anda por la vida como si cargara sobre su lomo las obras completas de Nietzsche. “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”, parece ir citando muchas veces. A él le gustaba ser él mismo, por más que me siguiera a todas partes, tenía sus escapadas al jardín y su hambre perpetua. Adivinar qué se había comido en esos entretiempos. Pasó el día bien y cuando la noche siguiente revisé su cojín para ver si no había una maldad ¿quieren saber ustedes qué pasó? Si no les late dejen aquí la lectura. Si la han seguido sepan que de debajo de su cola, jalé, a partir de un bolita dura y pequeña como canica, de eso que los veterinarios llamarían indicio de defecación, una tira de trapo que mientras iba sacando califiqué de lombriz. “Tienes lombrices”, le dije hasta tener cerca la tira de trapo e identificarla con minuciosidad científica. “¿Qué te comiste? Tragón de siete suelas”. Me respondió con una mirada displicente y enroscándose en su sillón con la cita de su filósofo en la nariz: “El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices”. Di por hecho que él, como el hombre en que se convierte a veces, pasaba por una época no del todo feliz y quería quitarse de encima mi presencia indagatoria. Lo dejé dormir pensando en que una vez fuera el trapo, al día siguiente estaría mejor. Y así fue. Anduvo coleando su gusto por la vida y hasta volvió a comer. Entonces yo me fui a la fiesta de fin de año de Nexos y regresé hasta muy tarde. Otra vez lo dejé dormir en mi cuarto y en santa paz, pero el sábado en la mañana volví a encontrar la comida de regreso en el pasto y él ya no quiso comer. Lo llevé al hospital. Era fin de semana, y lo recibieron aquí cerca, para cuidarlo con enorme bondad. Le sacaron radiografías, reservaron el diagnóstico para el lunes en que se llegó a la conclusión de que algo raro había que era necesario inspeccionar abriéndole la barriga a mi pequeño lobo para saber si se había comido a los siete cabritos.
Dos puntos: Ya para entonces, mi aflicción era tal que llamamos a nuestra amiga Denise Maerker, a pesar de saber que el inicio de sus lunes es apurado y está lleno con los asuntos que afligen a la patria y que ella indaga para contarlos bien, siempre con el afán, no siempre bien remunerado, de comprenderlos. Denise llamó a Samantha, su hermana. Cirujana excepcional, suave y al tiempo contundente, Samantha nos dejó irrumpir en su mañana de varias operaciones para hacerle a la panza de Nino un ultrasonido y esas cosas que sirven para deliberar sobre asuntos de gravedad.
Mientras, yo era un mar de lágrimas hacia adentro. Porque no cejé en el intento de parecer tranquila. Oí el pronóstico. La vesícula negra, el estómago con un objeto desconocido, los intestinos dañados, el intenso dolor que ellos reconocían en este mudo que también llora por dentro. Había que operarlo. Si no, le quedaban horas de vida. O podía yo tomar la decisión de ponerlo a dormir. Entonces sí ya cayó sobre mí el diluvio. ¿Por qué no hablan los perros? ¿Por qué no me dice que él está por la muerte elegida y que no quiere mal vivir? ¿Por qué no puedo saber si él está dispuesto a que lo anestesien, le quiten el dolor y le indaguen los males de la barriga? Le pregunto a Samantha qué es mejor y ella me dice que lo que yo decida. Miro sus ojos azul pálido, conmovidos como por primera vez, lidiando a diario con la emoción de tanta gente y tantos animales. Miro sus dedos largos, su melena en desorden, su bata en orden, su clínica perfecta. “¿Qué harías tú?” “Yo le daría una oportunidad”, dijo. Entonces yo se lo entregué y ella se lo llevó cargando a la sala de operaciones: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti”, oí decir a la última mirada de mi filósofo.
Salí a llorar como si de paso quisiera reprocharle a mi madre que al morirse me hubiera heredado la vida, pero también la muerte, de sus perros. Llamé a Mateo, Héctor estaba en la tele, intentando un diagnóstico sereno sobre lo que debería hacer Peña Nieto con el desorden que agobia su ¿mandato? Cuando salió, encontró a su hijo esperándolo. Llegaron a buscarme al hospital. Los vi aparecer como al consuelo que mi pequeña república sí podía encontrar en ellos. Si cada quien cuidara con fervor su pequeña patria. Nino sigue en el hospital. Tiene cincuenta por ciento del lado de la vida, y cincuenta por ciento en el lado oscuro. Dice Samantha que es cosa de esperar. Digo yo que de resistir. “Es un perro muy valiente” me ha dicho el doctor Alanís. Yo me he quedado ahí, acariciándolo largo rato. ¿A qué horas te comiste todo el trapo? ¿De dónde te lo robaste? ¿Quién lo dejó tirado? ¿Quieres seguir viviendo en este país?” le pregunté. Ayer no quiso responderme. Lo dejé dormir. A ver si ahora.
Punto y aparte: Gracias a todos ustedes por su compañía.

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Publicado en: Puerto libre
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48 comentarios en “Ángel mudo en el hospital

  1. En varios momentos de mi vida ha habido un perro en casa. Al paso del tiempo he perdido mucho de mi afecto por la gente. Pero los perros son siempre unos seres muy especiales, por ellos cada vez siento mas empatia. La partida de uno de ellos siempre va a doler, como cuando eramos niños.

  2. Mi querida Angeles:
    Los peludos que siempre nos acompañan y hacen feliz nuestra existencia, son ángeles vivos¡ sin alas, al ser mudos, son sus ojos la palabra, ve sus ojos, y el te dirá si quiere que seas tu la que se las ponga (las alas). A veces nos toca corresponder a tantas alegrías con una lagrima, y ellos la merecen, así que de ser así, abrázalo y déjalo ir……… En otra vida te lo agradecerá …….un beso mi querida Angeles!

  3. Feliz nochebuena a todos.
    Espero y deseo que ese lindo perro vaya mejorando…
    Un abrazo para cada uno (si alguien precisa más, tómese a voluntad).

  4. Hoy amanece un día precioso.Temperatura ideal para celebrar la Noche Buena.
    Para todos mis queridos de éste blog, mis mejores deseos que lo pasen super bien.
    Se les quiere de gratis.
    Abrazos.

    ¿Que ha pasado con NIno?

  5. Oh, Ángeles, cuánto lo siento!!!

    Si has de tomar la decisión, piensa que es lo mejor que puedes hacer por tu amigo querido.

    Te mando mi cariño sincero.

  6. Hola queridos. Nino sigue mal. Es larga la historia, pero ha de decidirse en poco tiempo. No escribo más porque estoy cansada, los quiero y mil gracias por el cariño de siempre. Angeles

    1. Nunca fui «bichera», pero entiendo –y hasta envidio– el amor que sus dueños-amigos les profesan a sus mascotas.
      Es inimaginable el dolor de las dudas, de la responsabilidad de tomar una decisión definitiva, el dolor de las despedidas. Siempre nos quedará el cariño profesado mutuamente ¡mucho animo! Pase lo que pase: brindaremos por èl

  7. Creo que el único que tiene en sus manos (en sus patas) darse una nueva oportunidad, es el filósofo canino, PHD Nino.
    Es valiente, dice el médico, y ellos sabrán por qué lo dicen. Parece ser un quijote luchando contra un molino de viento lleno de trapos y lombrices (¡Probino! Diría un asturiano)
    Espero que este bien (¿Hay novedades?) y que papá noel le traiga el hueso más lindo (y dietético) que le entre en la bolsa
    felicidades para todos y todas
    Bibiana Fernández Simajovich

  8. Miriam querida aquí ya son las 12 así que cambiamos de día .Espero llegar a tiempo para darte muchos besos y abrazos aunque no sea mas que por aquí . Te deseo lo mejor del mundo porque tu lo mereces –
    Y a pesar de desearlo no se mandarte el ramo de jazmines que tengo para ti .

  9. Gracias, querida familia silabaria. Me gozo con sus deseos, saludos y cariño.
    McJ pues hechémosle mucho más de menos. Con el deseo que se encuentre bien.
    Garbanzos, amigas!

  10. Casiopea querida !

    Dicen que cumplir años… es bueno !!!

    Te deseo lo mejor para este que estrenas y además te diré que te tengo muy presente desde vuestro encuentro en Puebla !!!

    Besotes.

  11. 20 de diciembre ,es el cumpleaños de………
    ,
    CASIOPEA o sea MYRIAM
    Muchas felicidades y muchos buenos deseos para tí , que pases un día feliz y
    tambien Una muy Feliz Navidad.
    Desde Puerto Rico
    Besos Y abrazos

  12. Por lo que vi en twitter ,parece que el angel mudo se recupera. Me alegro, porque puedo imaginar tu angustia ante la decisión de que lo durmieran o darle la oportunidad de vivir,pero tomaste la desición correcta.
    Pronto lo tendras a tu lado.

  13. Me alegra mucho que Nino se esté recuperando, Ángeles; hace poco perdí a mi Micha (mi gatita) y no hay día en que no me duela su ausencia. Minutos atrás, en la cocina, mi mamá, mi hermana y yo la recordábamos. Era nuestra «niña».
    Entiendo la angustia por la que debiste pasar antes de su operación; en estos casos cualquier señal de mejoría o recaída nos empuja hacia el cielo o hacia el abismo. Se vive en constante zozobra, es horrible.
    Un abrazo. Vamos, Nino, ánimo!

  14. Espero que tu angelito mudo se encuentre mejor. Todavia le faltan muchas cosas que vivir contigo, como la navidad próxima. Le gusta la vida, su país y la familia que tiene, Nino me lo dijo en sueños (en secreto).

  15. Híjole quería comentar sus artículos sobre Cuba……..desgraciadamente no se puede……..pero hoy 17 de diciembre 2014…….,..se ha dado lo que se veía venir……..el Presidente Obama en un acto valiente……..reinicia con los Castro……..oportunistas como siempre……..y después de tantos años relaciones……….a éllos no les quedaba de otra…….pues ya no cuenta con Venezuela y Rusia…….en fin…….Obama desafiando al Congreso…….inicia una nueva etapa!!!!

  16. Ay, Nino, con lo precioso que es!!!

    ¿Dónde habrá pillado el trapo el muy tunante?

    Deseo que pronto se restablezca el perro filósofo para que pueda seguir dándonos lecciones.

    Un besazo, Ángeles

  17. Ay, cuánto siento que Nino esté enfermo y el dolor y la inquietud de su dueña que, si bien tengo la suerte aún de no conocer, sí conozco el temor de su segura presencia. Estos maravillosos bichitos que acompañan nuestros pasos y que tanto añor nos regalan y, de repente, un día, todo se vuelve confusión y duda. Espero, deseo que todo vaya bien y que la balanza se incline poderosamente al sí.
    Y qué cierto ese «si cada quien cuidara con fervor su pequeña patria»…ay, si así fuese…años repitiéndolo llevo, años…
    Un abrazo y crucemos los dedos.

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