Dije hace un tiempo:
ALGUNA VEZ CREÍ que la necesidad de sentirme parte del absoluto iría mermándose con el paso de los años, hasta que todo fuera un sosiego más regido por el desencanto que por la euforia. Por fortuna me equivoqué. El tiempo que nos aleja de la infancia, de la juventud, de lo que suponíamos el perfecto candor, no sólo no devasta la esperanza, sino que la incrementa hasta hacerla febril, hasta en verdad perfeccionar la inocencia volviéndola invulnerable.
POR ESO: Sigo teniendo fe en que el mundo puede ser mejor, en que nuestro país puede estar regido por la bondad, la belleza y la verdad.
SE OYE: Ambicioso y fuera de lugar. Pero si hemos de seguir vivos, mejor asirnos a este deseo.
Lo que se pierde en inocencia se gana en sabiduría, y es ese saber acumulado lo que nos hace concebir un mundo mejor. Siempre admiré el optimismo fruto del conocimiento.
Gracias, querida Ángeles.
Amo cada línea que usted escribe desde que la leí por vez primera!!!